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Opinión

Zaragoza

Pompeya esta vez va a juicio

A la Pompeya actual le salva, de momento, la presunción de inocencia, pero ha arrastrado por un lodazal la institución de la Presidencia del Gobierno

Se atribuye a Marco Tulio Cicerón la célebre frase que todos conocemos hoy «mi esposa no sólo debe ser honrada, sino también parecerlo» y en esa idea se basó César para repudiar a Pompeya después.

La Audiencia provincial de Madrid ha avalado que la causa contra Begoña Gómez sea juzgada por un jurado, por dos delitos: tráfico de influencias y malversación. Públicamente, aún no se ha pronunciado Pedro Sánchez sobre está cuestión. Si lo han hecho varios de sus ministros, alegando teorías de la conspiración, lawfare, y demás parafernalias, a través del ecosistema mediático afín. Aunque el presidente estuviese en estos momentos en shock, que no lo está, tendría que haber habido una declaración oficial de la Moncloa. El daño institucional a la Presidencia del Gobierno ya está hecho, pero ¡qué más da!

Otra Audiencia provincial, la de Badajoz, condenaba el pasado miércoles a David Sánchez (el hermanísimo) por prevaricación administrativa y a otras 10 personas más, funcionarios y altos cargos de la Diputación Provincial de Badajoz. A la mayor parte de los condenados, a los que casi nadie les presta atención, concluye la Audiencia, «entregaron a Don David (y a su auxiliar Don Luis María) sendas plazas retribuidas con fondos públicos de nueva creación para que pudieran dedicarse a las actividades que se les antojaran, sin control alguno». También, desde el primer momento, «desatendió a sus obligaciones y compromisos acudiendo apenas a su puesto de trabajo».

Resultó extravagante, una vez más, la salida en tromba de ministros y tertulianos de televisión aludiendo al lawfare, sin haberse leído la sentencia, con especial mención a la ministra de Sanidad Mónica García aseverando que le parecía una «auténtica aberración» -la sentencia-, que se está condenando en España a personas «sin pruebas» y que ha acabado inhabilitado por el mero hecho de ser «hermano del presidente». Tales extravagancias fueron refutadas por el propio abogado de David Sánchez, Emilio Cortés, que declaró «no tengo ninguna razón objetiva para pensar que es un caso de lawfare» y que, si las tuviese, «lo denunciaría» en las instancias oportunas. Zasca nivel dios a la ministra y al resto de demagogos.

En suma, como reflexión última, para evitar estar inmerso en un proceso judicial lo primero que hay que hacer es no cometer delito alguno. A la Pompeya actual le salva, por el momento, la presunción de inocencia, pero ha arrastrado por un lodazal la institución de la Presidencia del Gobierno. No se puede decir lo mismo ya del «hermanísimo».

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