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Opinión

Zaragoza

Retascón

A unos quince kilómetros de Daroca, el pueblo, muy hermoso, con apenas un centenar habitantes, se mimetiza en una hondonada natural

Hace unos días viví una rica experiencia en Retascón. Concretamente, en su Antiguo Horno, local cargado de historia y utilizado para actos culturales.

A unos quince kilómetros de Daroca, el pueblo, muy hermoso, con apenas un centenar habitantes, se mimetiza en una hondonada natural, circunvalada por un anillo de rocas y árboles. Sus calles, sinuosas, en cuesta, parecen ajustarse a las formas de la naturaleza, habiéndose adaptado al terreno como una joya engarzada a un anillo.

Los asistentes participaron en un «Taller de literatura creativa». Como futuros escritores elaboraron un «plan» para abordar un próximo proyecto literario, a elegir en el mismo momento de empuñar el lápiz. Tras la elección del «tema», siguió la confección de una breve «historia» sinóptica. Y, a continuación, el desarrollo de un «argumento» más elaborado, con personajes, episodios, escenas, giros... Todo ello en un clima serio y divertido a la vez, y con estimulantes y sorprendentes resultados. (En la parte institucional, la actividad estuvo coordinada por el Ayuntamiento de la localidad, con la alcaldesa Ana Montejano como presentadora, y con presencia del consejero de Cultura de la Comarca Campo de Daroca, Arcadio Muñoz. Entre los asistentes destacaba el exconsejero del Gobierno de Aragón, José Luis Soro, con lazos familiares en la localidad).

Lo más relevante del ejercicio fue la coincidencia entre varios de los participantes a la hora de elegir «el tema». Fueron unos cuantos quienes propusieron una redacción basada en la infancia y adolescencia compartida con otros niños y jóvenes en Retascón. Memorística gimnasia cuajada de nostalgia que, curiosamente, suele seducir a un alto porcentaje de escritores, muchos de los cuales deben sus mejores páginas a un impulso sentimental hacia el pasado con vistas a recrearlo y convertirlo en arte. No otra cosa hicieron durante buena parte de sus vidas creativas Marcel Proust (En busca del tiempo perdido) o Ramón J. Sender (Crónica del alba). Enfrentándose, muchos años después de haber acontecido los hechos, al esfuerzo de recuperarlos con la mayor fidelidad; o, en su defecto, a «complementarlos» con recuerdos similares.

Haber crecido en un lugar como Retascón tiene necesariamente que legar hondas raíces y toda una educación sentimental. De ahí esa querencia de sus habitantes a resucitar y redactar su propia historia o crónica. Debiendo nosotros alabarles su buen gusto porque, ¿puede haber un asunto mejor?

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