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Opinión

Ricardo Barceló

Ricardo Barceló

Director de "El Periódico de Aragón"

El día de la final y la lección mundial de España

El equipo de Luis de la Fuente representa la mejor versión que un país puede trasladar al mundo y es el mejor legado que puede dejar para las jóvenes generaciones

Pedro Porro y Mikel Oyarzabal de España celebran uno de los goles contra Francia.

Pedro Porro y Mikel Oyarzabal de España celebran uno de los goles contra Francia.

El 19 de julio de 2026 será una de esas fechas que serán recordadas para siempre. Esta noche las selecciones de España y Argentina se disputan en Nueva York el campeonato del mundo de fútbol ante la atenta mirada de cientos de millones de espectadores de los cinco continentes. No se trata de un partido más, no es un día cualquiera y, por supuesto, no será una noche fácil de olvidar. El resultado de la contienda marcará el imaginario de un país y de varias generaciones que hoy estarán pegadas a la pantalla como nunca antes. Se trata de una oportunidad única para España y Argentina, no solo por el logro que supone sumar una estrella más a la Roja o la Albiceleste sino porque la final de esta noche es una forma de reivindicarse como dos países, dos sociedades y dos formas de entender el deporte y la vida, cada uno a su manera. Los argentinos y los españoles tienen hoy a su alcance el escaparate más global que pudieran imaginar en un escenario único, Nueva York, una ciudad inacabable, que simboliza tanto y que representa como ninguna la multiculturalidad, el progreso y tantas otras cosas. Como dijo Gabriel García Márquez, «Nueva York no es una ciudad de Estados Unidos, sino de todos nosotros y de todo el mundo». Pues bien, ese es el escenario de una final que pasará a la historia.

Aficionados a la selección española de fútbol durante la celebración del partido de semifinales del mundial entre España y Francia. Foto archivo

Aficionados a la selección española de fútbol durante la celebración del partido de semifinales del mundial entre España y Francia. Foto archivo / Eduardo Sanz - Europa Press

La selección española de fútbol puede convertirse esta noche en campeona del mundo por segunda vez en los últimos 16 años y, lo que es más importante, puede hacerlo demostrando –como ya hicieran los Ramos, Piqué, Busquets, Iniesta, Xavi, Villa...– que los valores que traslada el equipo de Luis de la Fuente en el terreno de juego van más allá del deporte. La solidaridad, la disciplina, el trabajo en equipo, la humildad, la excelencia y la capacidad de lucha y sufrimiento son señas de identidad que no solo marcan a más de una generación sino que se proyectan al escenario internacional y penetra en todos los rincones del mundo. Más allá de la épica y del resultado del partido, España y Argentina ya han demostrado durante todo este campeonato que la convicción es el camino más recto para conseguir los éxitos. Creer, en definitiva, es poder. Y ese es, posiblemente, el mensaje más poderoso que se puede trasladar esta noche. Pero llegar a la final de un mundial de fútbol, ganar una Eurocopa y ganar la Nations League en apenas cuatro años no es algo casual que se pueda lograr solo con el convencimiento. También han de darse una serie de circunstancias que no resulta fácil que se den en un corto espacio de tiempo y que exigen abonar el terreno con mimo. El primero de los requisitos es el conocimiento, la capacidad de confeccionar una estrategia para el medio y largo plazo, y ser consciente de que eso requiere de tiempo y paciencia. El técnico de España es, posiblemente, el mejor artesano para diseñar esa realidad, pues fue el entrenador de las categorías inferiores de la Roja durante varios años.

España, sume o no otra estrella a su camiseta, se ha reivindicado en este mundial como un país que tiene una forma de entender el deporte y la vida

El segundo vector que ha llevado a la selección al lugar en el que está en la confianza en los jugadores de la cantera por parte de los clubes, algo que sobre todo pone en práctica el FC Barcelona, pero que debería estar más extendido porque, por lo general, esa confianza se traduce en responsabilidad por parte del jugador.

Un equipo en mayúsculas

El tercer factor es generar una conciencia de equipo con mayúsculas, de forma que el colectivo esté siempre por encima de cualquiera de sus integrantes. Nadie es menos que nadie si se tiene la actitud. España demostró durante todo el campeonato, pero sobre todo ante Francia, que nada es más poderoso que el equipo, independientemente de las circunstancias que se den durante un partido. Y es ahí donde resiliencia y la flexibilidad entran en escena para adaptarse a un entorno cambiante, algo que decisivo. Cuando todos esos factores convergen y, además, existe una identidad clara el viento suele soplar a favor. La selección es reconocible por su juego, por sus jugadores y por su compromiso. Y todas esas ventajas competitivas no tienen rival siempre y cuando la suerte no te dé la espalda. Crucemos los dedos.

Pero lo relevante que está mostrando la selección, y que esta noche puede culminar con el broche de oro del campeonato del mundo, es que todas sus virtudes son extrapolables a cualquier organización, empresa, colectivo o país. El equipo de Luis de la Fuente es, en definitiva, un espejo en el que poder mirarse, y esa es la mejor imagen que España puede trasladar al resto del mundo y el mejor legado que quedará para las jóvenes generaciones.

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