Opinión | EN EL PUNTO DE MIRA
Los cuñados del Partido Popular
Para unos habrá sido un trago amargo, para otros dulce, pero estoy seguro que para nadie va a ser fácil digerir la intervención de Feijóo ante la patronal vasca sobre el absentismo laboral. Si algo se le puede pedir a un líder político que aspira a gobernar este país es que conozca de qué habla. No es fácil, porque con la permanente tendencia a la confusión del personaje, unido a que siempre suele prometer lo que sus interlocutores quieren escuchar en cada momento, encontrarle el ángulo ciego por el cual se le escape lo que verdaderamente piensa, es casi un milagro. Y, ocurrió, será la magia de los sanfermines la que le llevó a decir que «el absentismo laboral es un cáncer que no nos podemos permitir», y que le parece aberrante que en los convenios «se pacte que una persona que no va a trabajar cobre lo mismo que cuando trabaja».
Más allá del reproche moral, intelectual y político que se le puede hacer al señor Feijóo, lo preocupante es el desconocimiento que transmite de la realidad social y laboral del país, porque en la práctica lo que ha hecho es acusar a trabajadores y sanitarios de falsificar las bajas laborales para fomentar la vagancia y el desmesurado gasto público que supone. Por cierto, maneja un coste de 30.000 millones de euros y los datos de la Seguridad Social del año 2025 del gasto por incapacidad laboral ascienden a 18.400 millones.
Si algo hay que agradecerle es la sinceridad que ha mostrado y la ayuda dada a muchos trabajadores para conocer lo que piensa sobre ellos quien espera gobernar atacando a la gente trabajadora que enferma y se coge bajas para sanar. A partir de ahora, nadie podrá decir que no lo sabía. Plantear que la reforma la hará con o sin sindicatos, obviando los acuerdos en la negociación de los convenios y los acuerdos de empresa, es puro oportunismo electoral. Porque esos acuerdos, cuando se producen, son soberanos y mientras no vayan en detrimento de derechos ya consolidados por los trabajadores, deben respetarse. ¿Qué está transmitiendo con tales afirmaciones? Pues que allí donde no haya acuerdos en esta materia, su gobierno legislará para reducirlos y hacerlos más regresivos. Por otro lado, alienta al empresariado a no acordar estas materias, que el ya se ocupará de limitarlas.
Que existe un problema estructural con las bajas laborales es algo que casi nadie lo niega. Pero de ahí a marcarse un abuso de lenguaje tabernario, hay mucho camino que recorrer. Este es un tema demasiado importante para los trabajadores y las empresas como para despacharlo en clave partidista y sacando pecho. Porque tanto las empresas como los sindicatos coinciden en una causa fundamental: el mal funcionamiento de la sanidad, que retrasa desde la atención primaria hasta las especialidades meses en la tramitación de las intervenciones que dieron origen a las bajas.
Hay más causas objetivas: la prolongación de la edad de jubilación y, por lo tanto, el envejecimiento de las plantillas. La precarización de las plantillas más jóvenes que arrastran en gran parte condiciones laborales muy duras de tensión permanente y no muy buenas relaciones laborales que llevan al límite al trabajador. O los incrementos de bajas derivados de los problemas de salud mental que están muy relacionados con las tensiones internas de las empresas y de los efectos que esto conlleva.
La semana no solo ha dado para semejante estrambote. El expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se ha marcado una declaración de xenofobia que ha dejado boquiabiertos a la extrema derecha francesa, al gobierno de Francia y a los partidos políticos franceses. Solo han sido comprensivos sus compañeros del PP, que ven en ello «un sarcasmo», un desliz propio de este tipo de comentarios sobre la selección de fútbol francesa, de la cual dijo «juegan en un gran nivel pero sin franceses», porque muchos son de ascendencia africana aunque 23 de los 26 nacieron en Francia y tres de ellos tienen esa nacionalidad.
La política tabernaria, el discursito fácil, los eslóganes ocurrentes del expresidente y su aspirante son la típica imagen del cuñadismo carpetovetónico más decadente.
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