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Opinión | EDITORIAL

El futuro de la educación en Aragón

Aragón perderá más de 22.000 alumnos de Primaria y Secundaria en los próximos quince años. En la actualidad, la comunidad cuenta con 129.735 estudiantes de entre 6 y 15 años. En 2041 tendrá solo 107.680 en los dos tramos de la educación obligatoria, el lugar donde las sociedades siembran las semillas de lo que serán en el futuro. De manera progresiva, la merma también llegará al alumnado del Bachillerato, donde las estimaciones auguran un descenso del 22,4% entre el número de estudiantes, y algo menor, del 6,5%, en edades universitarias.

La radiografía de la situación en la comunidad, generada a partir de un informe de la fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) sobre las proyecciones de población del Instituto Nacional de Estadística (INE), alerta de un problema importante que ya está aquí, que se está diseminando entre nosotros, que amenaza con extenderse con serios perjuicios en el futuro y que obliga a no demorar la toma de decisiones. Sentarse cuanto antes, estudiar la casuística y tratar de implementar medidas efectivas para ponerle freno y darle la vuelta o, en menor medida, paliar los efectos negativos a medio plazo, muchas veces consustanciales a otros problemas estructurales de este momento de la historia. Entre las causas que están produciendo esta situación hay que colocar en el primer plano la constante caída de la natalidad, que no está siendo contrarrestada completamente por el llegada de la inmigración, el progresivo envejecimiento de la comunidad, la despoblación en el medio rural y el éxodo a las ciudades, el abandono escolar y diferentes factores de carácter socioeconómicos que afectan a las personas de manera individual y a las familias como colectivos.

En el caso de que esta problemática no se corrija y su rumbo no se revierta, las grandes paganas serán las escuelas del medio rural, cuya supervivencia correrá riesgo. La cadena demográfica continuará alterándose generando nuevas desigualdades entre territorios. Además, los recursos tendrán que ajustarse fomentando los desequilibrios.

Al final, las dificultades de la educación aragonesa para mantener el número de alumnos encuentran su origen en un problema congénito de la sociedad en la que vivimos y que conduce a este escenario. Sobre ese foco es donde hay que actuar e introducir medidas, de carácter político, económicas, de apoyo a las familias y con fondo social, que permitan cambiar la tendencia actual en la caída de la natalidad. Y, así, empezar a ganar un futuro que se sigue perdiendo en el presente.

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