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Opinión

Zaragoza

Gibraltar

En la reciente –e histórica– decisión de eliminar la verja de Gibraltar, las autoridades españolas han divulgado la noción de un «derecho recuperado»

Si la historia no es otra cosa que el relato e interpretación de los hechos, su significado futuro, el modo en que vaya a estudiarse, a perdurar décadas o siglos después, en tinta o en piedra, dependerá lógicamente de quién o quiénes la escriban.

Pongamos un ejemplo. En la reciente –e histórica– decisión de eliminar la verja de Gibraltar, las autoridades españolas han divulgado la noción de un «derecho recuperado». Como si, por el simple hecho de permear una frontera que va a seguir siendo tal (con su aduana), el Peñón se haya levantado «un poco más español».

Ojalá fuese así, verdaderamente, pero, por desgracia, nada más lejos de la realidad. Pues nada, desde un punto de visto geo-político, cambiará en ese pedazo de tierra española ocupada ilegalmente por la Pérfida Albión. Las cosas mejorarán, cierto es, en el día a día, para los miles de trabajadores españoles que laboran en Gibraltar a las órdenes de empresas y patrones extranjeros. Pero lo demás seguirá igual: no habrá otra bandera que la británica, otro idioma que el inglés, ni otras obligaciones que las impuestas por la Commowealth o la lejana metrópolis... que tampoco ahora será Madrid, porque continuará siéndolo Londres.

¿Hasta cuándo? Probablemente, hasta siempre. Pues perdurable o permanente va a ser la relevancia del Estrecho para el tránsito marítimo. Lo estamos viendo en Ormuz, donde el cierre de su vía ha supuesto un trastorno económico mundial.

Imaginen que, por alguna razón, queda bloqueado a los barcos el paso por el Estrecho. A las terribles pérdidas de la marina mercante habría que sumar entonces las dificultades de los buques de guerra para transitar de uno a otro teatro de operaciones, complicando el damero internacional mucho más de lo que ya está. Es por eso que ni Gran Bretaña ni Estados Unidos tienen el menor interés en devolver Gibraltar a España. El control del Estrecho, vigilado por los submarinos ingleses con base en el Peñón y por los aviones norteamericanos con base en Rota, seguirá siendo del alto mando aliado.

A cambio, España podrá mantener (de momento) Ceuta y Melilla. Así quedará una vez más la cosa: Gibraltar inglés; Ceuta y Melilla españolas; Marruecos y Estados Unidos, los vigilantes del Estrecho, auténticos dueños del mar.

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