Opinión
Armando Soria
Y ahora, que nadie se olvide
La verdadera prevención empieza mucho antes de que aparezca el humo, gestionando el territorio y confiando en quienes lo cuidan cada día
Han sido días difíciles. Días de mirar al horizonte, de seguir cada información con preocupación y de pensar qué haríamos si el fuego llegaba hasta nosotros. Hoy, con el incendio estabilizado, solo puedo empezar con una palabra: gracias. A los vecinos de Urriés y resto de municipios porque habéis demostrado una enorme responsabilidad, manteniendo la calma y entendiendo que la mejor forma de afrontar una emergencia es actuar juntos y con serenidad. Eso también salva pueblos. Gracias a los vecinos y al Ayuntamiento de Petilla de Aragón. Gracias a nuestros agricultores, porque cuando el monte arde no preguntan de quién es el problema; se suben al tractor, ponen sus máquinas a disposición de todos y ayudan. Gracias a los bomberos voluntarios y de la DPZ, agentes forestales, Guardia Civil, Protección Civil, personal sanitario, técnicos, retenes, pilotos y a todos los que han trabajado sin descanso para frenar este incendio. Detrás de cada decisión e intervención hay muchas horas sin dormir y una enorme responsabilidad. Hemos vivido todo esto de cerca, pero por eso no podemos permitirnos el lujo de olvidar.
El incendio se estabilizará, llegarán las lluvias, pasarán las semanas, los titulares desaparecerán y llegará el verdadero peligro: que volvamos a hacer como si nada hubiera pasado. Y volverá a pasar. No es una posibilidad. Es una realidad.
Llevamos años reclamando la limpieza de barrancos, solicitando una gestión real de nuestros montes, defendiendo que la ganadería extensiva para mantener limpio el territorio, encontrando obstáculos, informes, prohibiciones y trámites para quienes quieren cuidar el medio rural. Y mientras tanto, el monte acumula combustible.
Me ha dolido leer comentarios que señalaban al agricultor que, mientras hacía su trabajo, pudo originar una chispa. Es profundamente injusto. Nadie sale al campo con la intención de provocar un incendio.
No señalemos a quien sufre un accidente mientras trabaja. Señalemos, de una vez por todas, todo aquello que llevamos décadas sin hacer para que una simple chispa no pueda convertirse en una tragedia. La verdadera prevención empieza mucho antes de que aparezca el humo, gestionando el territorio y confiando en quienes lo cuidan cada día. Gracias a todos los que habéis hecho posible que hoy podamos mirar al horizonte con alivio. El mundo rural no pide privilegios, pide que le dejen cuidar aquello que lleva siglos protegiendo.
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