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Opinión

Prohibida la Selección

El lendakari Imanol Pradales no es de la selección española, ni tampoco de la francesa, porque considera que tanto España como Francia impiden que su autonomía, ese utópico País Vasco extendido a un lado y otro de la frontera, con Navarra como extensión natural y Jaca como capital de invierno, debería tener su propia selección para competir en los próximos Campeonatos del Mundo de Fútbol.

Sigue así Pradales esa tradición de lendakaris intelectualmente limitados, tipo Urkullu, o Ibarretxe, cuyas declaraciones como «hombres de Estado» hicieron sonreír, cuando no sonrojar, a quienes con un mínimo de sentido crítico las escuchaban.

Se une también ahora a este casposo club del PNV el que fuera su portavoz en el Congreso, siendo ahora su presidente, Aitor Esteban. El cual, hablando igualmente estos pasados días de fútbol, a propósito del Mundial, tan opuesto se mostró a apoyar a la selección española que se negó a que en el futuro disputase ningún partido, siquiera un simple amistoso, en ninguna de sus tres provincias: Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. No son, por suerte, sin embargo, de sus catetas opiniones los futbolistas vascos de la selección española, Simón, Williams, Oyarzabal... orgullosos e integrados en el equipo que sí les representa, bajo una bandera que sí sienten, junto a otros compañeros a los que consideran compatriotas. ¿Qué opinará de esto Pradales? ¿Los juzgará traidores al pueblo vasco?

Pasa con este rancio partido de casinillo rural y sacristía, el PNV, que sus muy católicas y aburguesadas señorías poco tienen que ofrecer ideológicamente hablando. Encarnan una derecha de origen cerril, con un nazi –Sabino Arana– como ideólogo y unos cuantos rebotados de los seminarios o de la democracia cristiana como cabestros de una manada que, a cambio de no cornear al cielo de la independencia, se conforma con un pesebre bien servido. Proporcionalmente, ninguna otra autonomía española ha recibido en las últimas décadas ayudas del gobierno como las amasadas por el País Vasco, vía PNV, por el mismo sistema que tan bien le fue a Jordi Pujol en Cataluña: el sistemático chantaje al Estado central.

Y, gracias a esa otra selección española, la de los políticos, no les va nada mal...

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