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Opinión

Unas cosas gustan y otras no

España ganó el Mundial, pero eso no impide que las pequeñas miserias personales sigan navegando por aguas cada vez más turbias

Hay cosas del Mundial que me han gustado y otras no. Como todo en la vida. Pero algunas de las cosas que a mí me han gustado, a otros no les han gustado nada. Como todo en la vida. Me ha gustado que España haya ganado el Mundial con un equipo joven, luchador, valiente y con historias llenas de humanidad, coraje, fuerza y espíritu de superación cuando las cosas no vienen bien, que en la vida son muchas veces.

Viéndolos jugar me acordaba del Zaragoza y pensaba que igual un día vuelve a Primera y me acordaba de los amigos que han ido perdiendo la ilusión y se han ido arrinconando, no dejándolo de amar porque eso es imposible, pero sí desentendiéndose y añorando los tiempos de ‘Los Magníficos’, ‘Los Zaraguayos’ o aquel gol de Nayim con la Quinta de París que sobrevoló le Parc des Princes en la capital francesa y nos hizo ganar la Recopa de Europa en mayo de 1995.

Ahora toca esperar y quizá vuelvan las estrellas, no las intocables, sino esas que como los chicos de la Roja han sabido ganar el Mundial y daba igual quién metiera el gol porque detrás había un equipo, un gran equipo donde todos y cada uno de ellos fue importante y por eso España ha ganado a los Mbappé, a los Messi y ha dejado en el rincón de los recuerdos momentos de indiscutible belleza y algunos otros de franca humanidad. Quizá el abrazo a Lamine Yamal por parte de Felipe VI es uno de ellos, porque con ese gesto le estaba diciendo: «este es tu país y este tu tiempo» y eso para alguien que sabe cuál es el rasero de medir por parte de muchos es importante y enseña que el patriota puede nacer o no, pero sobre todo se hace demostrando y amando a su país desde la entrega, la lucha y la humanidad.

Hay cosas que no me han gustado, claro, pero muy pocas han estado en el terreno de juego, sino en las redes sociales, tan antisociales y radicalmente enfermas cuando se trata de desprestigiar a alguien hasta anularlo y si es posible enterrarlo bajo toneladas de mierda y mentiras que el tiempo no acaba de curar, porque siempre queda una cicatriz por muy breve que sea. Redes sociales llenas de rabia y de envidia que se extienden y todo lo emponzoñan. Y como colofón un artículo que habla de una derrota que nunca fue, para así hablar de la derrota de todo un país en una epifanía de carácter político absolutamente desproporcionada y falsa porque España sí ganó el Mundial, cosa que no impide que las pequeñas miserias personales sigan navegando por aguas cada vez más turbias y arrinconadas.

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