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Opinión | Con sentido / Sin sentido

El fuego que nos lleva

España se quema. Saltan las alarmas y las chispas políticas. Los incendios avivan nuestro ya abrasado erial político. Hasta ZP, gran tótem de la izquierda, está ya socarrado. Desde las brasas del año pasado el presidente Sánchez exigió más inversiones y amagó -e insiste de nuevo- con un pacto de Estado ante el cambio climático que provoca estos inéditos fuegos; pero esa urgencia en boca del «gran corrupto» se ignora, todo se consume en la pira de la refriega partidista y del negacionismo que amarra la inacción. Otro invierno sin hacer los deberes, sin invertir en prevención -los bomberos forestales de Madrid, en huelga por bajos salarios y reducción de personal, lo advirtieron-, otro dignatario (Fernández Mañueco) refrendado pese a la pésima gestión de los incendios de Castilla y León en 2025… Y es que la gente está a otra cosa, a las joyas del «cejitas», a enarbolar la copa del mundo, al linchamiento de #perrosanxe, a la playa, chiringuito y fiestas del pueblo…

Los malos rollos no son para el verano, pero la realidad es tozuda y en la canícula retorna embadurnada de fuego, cada vez más terrorífico, letal y tempranero. Entonces, los que, en nombre del liberalismo o del «fanatismo climático», no han hecho los deberes de prevención y personal forestal necesario claman al Estado para que declare la emergencia y venga la UME y los hidroaviones de la UE. Ante la tierra abrasada, lágrimas de cocodrilo, rimbombantes declaraciones y hasta el próximo estío, que gobernaremos nosotros… ¿Cambiará nuestra derecha de opinión al comprobar que muere gente, se calcinan las sacrosantas propiedades y hasta los cotos de los señoritos? No lo creo, cuanto peor gestionan las catástrofes parece que más les votan…

A mí se me parte el alma, porque se me están quemando las forestas del oeste de Madrid y Ávila por donde paseo buena parte del año, también los de mi querida Celtiberia de Guadalajara y tantas otras. Nací entre bosques y los amo, los necesito, me dan vida. Hasta que no recuperemos esa relación sagrada con la naturaleza, la que vivían nuestros ancestros de la Antigüedad, no seremos conscientes de estas pérdidas. Asumimos la pulsión depredadora y lucrativa que trajo Roma y así nos va. Necesitamos con urgencia más medios e inversiones, un pacto estatal para afrontar la emergencia climática y un plan de choque contra incendios como el que ha elaborado SOS Rural; ¿es posible esto con gobernanzas cicateras y negacionistas? También requerimos ese cambio de mentalidad que nos haga reconectar con la madre Tierra que estamos esquilmando y calcinando por acción u omisión. Fuego para hoy y cenizas para mañana.

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