Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | El ángulo

Las medias verdades que queman

Cada verano, junto a los grandes incendios, regresan los mismos estériles e intencionados debates. Las respuestas llegan con una rapidez sospechosa y llenas de medias verdades que además de ser mucho más cómodas que la realidad, son el principio de la desinformación, esa que te hace no distinguir la verdad de lo falso y caer en el totum revolutum en el que todo vale.

El ejemplo más repetido es el de la limpieza de los montes. España cuenta con más de 28 millones de hectáreas forestales, cerca del 56% de su superficie. Pensar que pueden desbrozarse íntegramente cada año es sencillamente imposible, pensar que el monte es como el jardín del adosado de tu casa es descorazonador. El problema no es que los montes estén sucios, es que el abandono rural ha hecho desaparecer buena parte de quienes los gestionaban. Menos agricultura, menos ganadería extensiva y menos aprovechamientos forestales significan más combustible acumulado.

En el extremo contrario aparecen quienes atribuyen todos los incendios al cambio climático. Negarlo sería irresponsable y acientífico, las olas de calor son más frecuentes, más intensas y largas que hace apenas unas décadas. La vegetación permanece seca durante más tiempo y las condiciones meteorológicas favorecen incendios más rápidos y violentos. Pero el clima, por sí solo, tampoco explica por qué unos fuegos se convierten en catástrofes y otros no. La diferencia también la marcan la gestión del territorio, la continuidad de la masa forestal, el abandono del medio rural o la rapidez del primer ataque.

Tampoco es cierto que todo se solucionaría con más medios de extinción. España dispone de uno de los mayores dispositivos contra incendios de Europa. Los propios técnicos llevan años insistiendo en que, cuando un incendio alcanza un comportamiento extremo, ni los hidroaviones ni los retenes pueden hacer milagros. La batalla decisiva se libra mucho antes.

El mayor bulo es creer en una sola causa y así en una única solución que defiende tu opción política. Los grandes incendios son el resultado de un clima cada vez más extremo, pero también de un territorio abandonado y de décadas en las que la prevención ha sido mucho menos visible que la extinción. Nos tranquilizan las respuestas simples porque permiten señalar un único culpable. Pero el fuego no entiende de consignas ni de trincheras ideológicas, solo de combustible, temperatura, viento y abandono. Mientras discutimos cuál de las medias verdades se nos acomoda más, las llamas siguen recordándonos que la realidad siempre es más compleja y se atizan en el viento ideológico que más deseemos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents