Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

La gigafactoría aporta certezas

La gigafactoria de CATL y Stellantis en Aragón, a través de la joint venture Contemporary Star Energy, creada por ambas, es un proyecto fiable, ilusionante y además, desde ayer, lleno de certezas que dan respuesta a todas las incertidumbres que se podrían haber generado en los últimos meses, la más importante de ellas la del alojamiento para todos los trabajadores chinos, unos 1.700, que se anunciaron que llegarían para su construcción y puesta en funcionamiento en la planta de Figueruelas. Finalmente, en medio de una intensa búsqueda de viviendas en la localidad zaragozana y en su entorno más cercano, se ha decidido que una parte importante de este contingente dormirá dentro del complejo industrial donde ya se levanta y da forma al esqueleto de este macroproyecto, bautizado como Toro, en el que todas las administraciones han puesto su granito de arena. La cara visible de esta apuesta están siendo las propias compañías junto al presidente de Aragón, Jorge Azcón, en actos oficiales como el de ayer en el que se trataba de anunciar el espaldarazo definitivo a una inversión de más de 4.100 millones de euros con la aprobación definitiva del Plan de Interés General en Aragón (PIGA) que supone a su vez la concesión automática de todas las licencias administrativas necesarias. Pero hay más protagonistas en este hito de la historia de la comunidad, como el Gobierno central y la inyección de fondos del Perte que han conseguido atraer, asentar y cumplir con una de las promesas más relevantes de las últimas décadas de la industria en el territorio. Se verá dentro de muy poco tiempo, cuando empiece su producción en el primer trimestre de 2027, pero ya está en marcha su creación, es visible a muchos kilómetros de distancia y ya hay 172 trabajadores asiáticos alojados en Aragón que son la avanzadilla de un desembarco sin precedentes. No hay fórmulas mágicas para dar cabida a todo ese contingente, aunque serán los detalles de ese alojamiento temporal, aún por desvelar, los que demostrarán qué parte de ese plan obedece a la improvisación y cuál a la imposibilidad de encontrar tantas casas en un entorno donde la oferta escasea y las posibilidades de construcción de nuevos hogares que además serían efímeros, tanto por plazos como por costes, hacían de esta misión algo sencillamente imposible de lograr.

Por eso el foco de la Administración se pone, como no podía ser de otra manera, en «el carácter estratégico de una inversión que sitúa a Aragón en el centro del nuevo mapa europeo de la automoción», como aseguró ayer Azcón. El proyecto Toro, con 4.100 millones de euros de inversión por parte de CATL y Stellantis, y la creación de 4.000 empleos directos. Todo apunta a esa importancia de hacer realidad ese sueño de la gigafactoría que en otras latitudes amenazan con convertirse en pesadilla –atención a lo que puede pasar con la de Puerto de Sagunto, en Valencia–, y al que Aragón nunca se ha planteado en renunciar. Con lo que le costó conseguirlo... Pero esas certezas deben lograrse, incluso con alfombra roja, sin necesidad de crear peligrosos precedentes, no vaya a ser que en el futuro cualquier proyecto pueda convertirse en importante y retorcer aún más la normativa para no frustrar las expectativas que se generan. Esta inversión, de momento, es de fiar, que ya es mucho en estos tiempos y con lo que se ha vivido en el pasado. 

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents