Opinión
El cementerio de Fuentespalda
Por su autorización y apoyo para presentar mi última novela, Casa de indianos en el cementerio medieval de su bellísima población, le quedaré eternamente agradecido a la alcaldesa de Fuentespalda, Nerea Caldu. Siendo el adverbio «eternamente» el más apropiado, como en seguida verán, para describir esa mágica ocasión.
Soñaba con este momento desde que pude conocer el prodigioso camposanto y, paseando por sus sinuosos caminos de hierba, sentido cómo de manera automática, natural, mi imaginación se desbordaba con toda clase de estímulos hacia muy diversos horizontes. Simplemente contemplando esas antiguas tumbas, cercanas a la iglesia parroquial, pero originalmente dispuestas en un fosar independiente, con vistas al más hermoso y agreste Matarraña, ya se disparaba la fantasía en direcciones opuestas, o quizá complementarias, entre lo enigmático y lo sobrenatural, lo histórico y lo legendario, la alegre palabra de la vida y el silencio eterno de la muerte.
Opinan con firmes argumentos los expertos que las estelas discoidales de piedra de Fuentespalda pertenecen a la época de los templarios, soldados de Dios, o a la propuesta, demasiado pura, hasta devenir herética, de los cátaros. Siglos XII, XIII... Hay en esas venerables cruces en sobre relieve, enmarcadas en pétreas circunferencias, erosionadas y oscurecidas por centurias de vientos y lluvias símbolos que representan la continuidad, la eternidad, la resurrección, el principio y el fin, el nacimiento y la muerte... Pero no es allí una muerte aterradora, sino puramente artística, bella en sus señales y respetable en sus símbolos... Quizá por eso, mientras yo hablaba entre las tumbas, sorteando las estelas discoidales, procurando no distraerme con el mensaje de sus signos, no sentía el menor miedo hacia la parca, sino una extraña simpatía hacia ella y una cierta conexión, incluso envidia, hacia quienes reposaban en un lugar tan hermoso y apropiado para recitales, conciertos, solitarias meditaciones al atardecer, cuando las primeras sombras de la noche extienden entre los sepulcros sus dedos de tinta...
El corazón de Fuentespalda, cuya pujante y actual realidad –siendo uno de los pueblos más increíbles de España– se yergue sobre un misterioso pasado, puede que en parte lata en ese camposanto medieval donde el alma se calma y la pasión se desnuda de innecesarios ropajes, tan sólo versos y espíritus acompañando al viajero en su búsqueda de felicidad.
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