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Opinión

Isabel Díaz, su nada y todos los fuegos

Hubo que encontrar un ser así de resumido, al que el cerebro no molestara para transmitir entre insultos y bajezas las estupideces y mentiras que le encargarían; un adefesio al que dotar de contenido en cada ocasión. Y dieron con ella, con Isabel Díaz, una moza falangista, atea pero devota revenida por interés compuesto de pasta, poder y gloria. Le garantizaron impunidad para sus desafueros y le encargaron transferir caudales públicos a la gestión privada de la salud, la enseñanza, etc. Todo lo hace, y añade un gusto creciente por el insulto diario. Como vio que marcó tendencia, se agranda y no para, porque ha visto que no sólo no penaliza, sino que le ríe la gracia su fiel infantería de cañas y barro. Lo último, pasearse vestida como de la sección femenina de Franco con la insignia del cargo donde el yugo y las flechas, el fuego al fondo y la nada primordial que la caracteriza, para decir que hay incendios porque «en esas manos estamos»; manos que son las suyas, y que no salen de los bolsillos, donde acarician las llaves del duplex que jamás soñé y fíjate, oyes.

De los fuegos es hablar de la pena por tanto desastre y de si es que no hay solución, que seguro que alguna parte será evitable pagando a los que saben todo el año. Al fondo la farfulla de cuñaos profesionales, que ya tienen referentes teóricos entre algún as del fútbol y decenas de «enteraos» que se informan «donde hay que informarse» para desmontar las tesis de la ciencia aburrida, esa que no para de avisar de calentamiento y no sé qué gaitas. Los «enteraos» siempre han sido muy celebrados entre las legiones de cuñados, que replican sus hallazgos para informarnos de lo que pasa realmente en el mundo: que el calentamiento global no existe, y que si existe es porque tiene que existir, y que lo demás es Europa que nos quiere engañar para que compremos vegetales de fuera y todo eso ya me entiendes o sea, ¿no?

De la turra futbolina mundial, sus glorias y miserias no se escapa uno aunque se esconda en la gruta del anacoreta. Habría que explicarles que se gana unas veces y se pierde otras, y que en los deportes de más contacto: balonmano, rugby, etc. la gente se la pasa chocando y placando, etc. y ni hacen trampas ni se tiran al suelo para engañar al árbitro; y sobre todo, al final nadie acusa a la Federación Planetaria de Calatayud de ordenar que no gane yo. No son mayoría, pero la estupidez aprovecha el silencio de la discreción para llenarlo todo de rebuznos y furia. Como si la tragedia de unos cuantos multimillonarios que han perdido el partido no se pudiera consolar, no sé, con la contemplación de la cuenta corriente, por ejemplo, mientras al pringado le espera el préstamo que sudará por ver el partido. ¿Cómo era aquello del sentido de la vida? Era esto, el mundial.

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