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Opinión | SALA DE MÁQUINAS

Casada con el asesino

La compatibilidad entre cargos tan opuestos como el de fiscal y el de abogado defensor no puede, obvio, materializarse de manera simultánea; pero sí sucesivamente en el tiempo. De hecho, hay muchos ejemplos en los que un gran abogado penalista fue antes el fiscal encargado de abrir la puerta de la prisión a criminales o a delincuentes.

Otra cosa sería que, además de defensor y acusador público, ese eminente y completísimo jurista destacase asimismo como escritor.

Y, para rizar el rizo, publicando novelas policíacas.

No otro es el caso de Victor Methos, un afgano que, por circunstancias familiares, emigró a los Estados Unidos cuando tenía nueve años. A los diez ya podía expresarse y escribir en inglés. Terminó el colegio y estudió Derecho en la Universidad de Utah, desempeñándose posteriormente como fiscal y abogado defensor penal. En uno u otro rol ha participado en más de un centenar de juicios. Desde casos de abusos policiales y otros en los que la acusación pedía pena de muerte, o bien defendiendo los derechos de tribus nativas americanas para practicar libremente su religión.

Methos aplica buena parte de su experiencia en la redacción de La mujer del asesino (RBA), un thriller negro-criminal recién editado en castellano que mantiene al lector muy atento gracias a los numerosos giros de una trama ambientada en el mundo de los juzgados y de las prisiones.

La protagonista será una fiscal casada con un asesino en serie, capturado, procesado y condenado a muerte. Pero, mientras ese inhumano monstruo espera la ejecución en el llamado «corredor de la muerte», un «imitador» suyo comenzará a «firmar» escenas de crímenes tan horribles e inexplicables como los suyos. En esa esquizofrénica posición de mujer íntimamente afectada y miembro de la fiscalía en ejercicio, la heroína de Methos se enfrentará tanto a fantasmas del pasado como a las más reales sombras de un amenazador presente.

Una novela bien trabada, ágil y entretenida, y con un elenco de personajes secundarios muy destacados. Fiscales, jueces, alcaides, funcionarios de prisiones, testigos o reclusos prestan su práctica aportación a la marcha de una imprevisible investigación.

Una buena historia.

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