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Opinión

Carmen Lumbierres

Tú sí, tú no

Pocas expresiones describen mejor una forma de entender el poder, y ejercerlo de una manera que no se puede sostener solo con el resultado electoral

Hay decisiones políticas que caben en una instrucción o en una orden administrativa. Y hay decisiones que, antes que jurídicas, son morales. La de los menores migrantes tutelados es de las segundas.

No hace falta imaginar una fila en un centro de menores. Basta con imaginar la escena de los chicos esperando la evaluación de la semana, y entonces alguien establece el criterio de tú sí, tú no, tú sí. No por su comportamiento, por su esfuerzo o por cómo conviven con los demás, sino por algo tan aleatorio como el lugar de nacimiento.

Quienes crecimos hace unas décadas recordamos otra imagen muy distinta. Salíamos del colegio con las huchas del Domund, esas que simulaban cabezas de niños africanos o asiáticos para recaudar monedas destinadas a quienes habían tenido menos suerte que nosotros. Esa imagen de superioridad racial, que a vistas de ahora resulta incómoda, transmitía sin embargo la idea de que cuando un niño era vulnerable, lo primero era protegerlo.

Hoy el mensaje parece haberse dado la vuelta, no importa que sea un menor tutelado, sino que lo decisivo es de dónde viene. La frontera deja de estar en la entrada al país y pasa a instalarse dentro del propio sistema de protección. En la mayoría de los centros, esa «paga» forma parte del trabajo educativo. Es un incentivo ligado al cumplimiento de objetivos como mantener ordenada la habitación, respetar las normas de convivencia, colaborar en las tareas comunes o asumir responsabilidades. Puede cobrarse íntegra, reducirse o incluso no percibirse, según la evolución del menor.

Y por eso la decisión resulta tan significativa. Si esa herramienta deja de aplicarse no porque un menor incumpla sus objetivos, sino porque nació en otro país, el criterio deja de ser educativo para convertirse en identitario. Las sociedades democráticas tienen derecho a debatir sobre inmigración, pero otra cosa muy distinta es trasladar esa discusión a quienes ya están bajo la tutela de la Administración y convertir a los menores en el lugar donde escenificar una batalla ideológica. 

«Tú sí, tú no», pocas expresiones describen mejor una forma de entender el poder, y ejercerlo de una manera que no se puede sostener solo con el resultado electoral. Porque el problema no va de dinero, es la imposición del criterio y la confrontación con otros servicios como las plazas en residencias de mayores. El momento en que una democracia deja de preguntar qué necesita un ciudadano residente en nuestro país, sea mayor o menor, y empieza a preguntarse de dónde viene antes de decidir cómo lo trata, choca con todos los principios que nuestros padres forjaron en la Constitución del 78. 

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