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Opinión

Agendas divergentes

En su octava visita a la Casa Blanca, desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump, el primer ministro israelí, Binyamín Natanyahu, tuvo que entrar por una puerta lateral y no fue agasajado con una rueda de prensa en el Despacho Oval. Un castigo protocolario que refleja la distancia política que media entre ambos mandatarios. Ambos afrontan elecciones el próximo otoño, con agendas cada vez más divergentes sobre cómo abordar la guerra de Irán y otros conflictos de Oriente Medio. Mientras Trump parece dar prioridad al restablecimiento de la diplomacia con el régimen iraní, Netanyahu sigue convencido de que es necesario proseguir con la guerra iniciada hace cinco meses, e incluso recrudecer los bombardeos. Aunque ambos gobiernos han reiterado su alianza estratégica, la actitud más fría de Trump refleja el creciente rechazo que tiene esta guerra en la opinión pública de su país, así como el creciente desprestigio del líder israelí en Estados Unidos, donde casi un 40% de la población aprobaría su detención siguiendo el mandato del Tribunal Penal Internacional.

Trump, por supuesto, le garantizó inmunidad a Netanyahu, frente a las pretensiones del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, de proceder a su arresto, pero no parece haber cedido a sus exigencias políticas y militares. No solo con relación a Irán, sino en otros temas regionales, donde la discrepancia también se ha puesto de manifiesto. En particular, la venta de aviones F35 a Turquía, que Israel ve como una amenaza existencial. En otros temas tratados por ambos, también ha habido discrepancias. Mientras Trump lleva a cabo negociaciones con los países del Golfo para darles nueva vida a los acuerdos de Abraham, destinados a pacificar las relaciones entre árabes e israelíes, a cambio de un reconocimiento de los palestinos, Israel volvió a bombardear Gaza, con un balance de 60 muertos en la última semana. Con la intención de apaciguar al presidente de EEUU, Netanyahu aceptó el despliegue de una fuerza internacional en Gaza, pero esta aceptación es papel mojado mientras prosigan los ataques a la Franja y la colonización en Cisjordania.

El estancamiento de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán constituye una noticia negativa para la paz en la región y para evitar consecuencias aún más graves de esta guerra sobre la economía mundial. En este contexto, las propuestas de Netanyahu, pensadas para recuperar prestigio de cara a las elecciones de octubre, no hacen sino dar pretexto a quienes, en Teherán, abogan por la continuidad de la guerra. Forzada por una agenda interior marcada por las elecciones mid-term de noviembre, en las que los republicanos pueden perder la mayoría en una o en ambas cámaras, la posición de Trump aparece ahora como más razonable. Más acorde con las preocupaciones de los norteamericanos y de la comunidad internacional. Se suele decir que Israel maneja los hilos de la política exterior norteamericana en Oriente Medio, pero ello solo ha sido así cuando el líder del Estado judío era una personalidad fuerte, con amplio respaldo en su país y en la propia sociedad norteamericana. Algo que, a todas luces, ya no sucede con Binyamín Netanyahu.

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