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Opinión

Total y definitivamente eclipsados

La imagen de Natalia Chueca, alcaldesa de la inmortal (cada día menos) Zaragoza con unas gafas anti luz solar, en plan secundaria de una peli de Hitchcock, delante de un cartel con la leyenda Zaragoza eclipsa, solo es comparable a aquella en la que se mostraba a lomos del dragón de La historia interminable. Tenemos una alcaldesa-espectáculo y hay que apechugar con sus ocurrencias, contradictorias en ocasiones. Si recuerdan, junto a flores, garnacha, primaveras y demás, Natalia decretó hace un par de años el programa Zaragoza luce. Así que, al tiempo que iluminamos, relucimos, resplandecemos, relumbramos y refulgimos, podemos oscurecer, deslucir y ensombrecer. Somos, tengo escrito, la ciudad de los milagros y todo es posible en esta urbe de mantras y eslóganes.

Tanto es posible todo lo que imaginan, que Natalia Chueca es capaz de anunciar la creación de una feria de arte contemporáneo para competir, supongo, con ARCO, Art Madrid, JustMad, Estampa e Hybrid Art Fair, todo eso en la capital de las Españas, y con Swab, Drap-Art, art3F, Art Nou y unos cuantos eventos más, en Barcelona. De los dos territorios estamos los zaragozanos a poco más de una hora de tren. Saquen conclusiones. No voy a entrar en los fastos del año de Goya, pues hay que ver primero qué ofrecen (les recuerdo, no obstante, que la anunciada exposición inmersiva sobre Goya la sugerí, pero en formato museo, en un artículo escrito en 2020), pero sí puedo hablarles de otro proyecto: un Conservatorio Profesional Municipal, creado sobre actual el Conservatorio Elemental Municipal, del que los expertos tienen serias dudas sobre su financiación y, sobre todo, de su contribución real a la ampliación de las enseñanzas artísticas.

La duda que tengo es si ese oasis cultural que la alcaldesa vende con tanto entusiasmo como falta de concreción se diseña en el despacho de Chueca o en las instalaciones de Zaragoza Cultural. La gerente de esa sociedad municipal, María Uriol Martínez pidió recientemente queel tejido local zaragozano se lo crea más y deje de politizar la cultura. Qué gran chiste. De entrada, no se sabe en qué tiene que creer más el tejido social (¿en los tulipanes mustios de Hola, primavera?); de salida, no hay que leer a Gramsci para entender que la cultura es el principal campo de cultura político, y cualquier infante sabe que no hay cultura institucional (también de la otra) que no esté politizada. Política es cerrar Etopia, por ejemplo, con el peregrino y falso argumento de que solo se hacían exposiciones de Playmobil, liquidar su fundación y privatizar sus funciones. Política es contratar a un cura DJ y montarle, además, un encuentro en el Auditorio para dar doctrina. Política es hacer mamarrachadas goyescas en la plaza del Pilar. Política es apostar por una política teatral que no perturbe. Política es contratar a José Manuel Soto, cuyo único valor artístico es afirmar que es español (y yo, y no cobro por eso). Política, en definitiva, es ser gerente de Zaragoza Cultural, pues políticos son los que eligen la persona para ese cargo. Por cierto: con tanto evento seudocultural, la figura de Sara Fernández, responsable de Cultura en la corporación municipal, se va eclipsando (pronto habrá que ponerse gafas, y no especiales, para verla) poco a poco y da la impresión de que Natalia tiene una consejera-florero para salir con ella en fotos y llevarle el bolso.

Asumamos pues, la nueva ocurrencia: Zaragoza eclipsa. A sus ciudadanos, básicamente. Con una colección de fuegos de artificio vendidos como cañonazos reales que transformen de verdad sus vidas. Pan y circo, ya saben. O, si lo prefieren, fútbol y toros. Comprendo a los seguidores de la cosa del esférico, como dicen los comentaristas de televisión, pero no creo que parte del dinero para la nueva Romareda tenga que salir de las arcas públicas. No entiendo a los aficionados a los toros (aunque, allá ellos), ni sé por qué se manifiestan (con el apoyo de la Diputación Provincial, gobernada por el PSOE), al grito de Zaragoza quiere toros. Zaragoza lo que quiere es más médicos, menos horas de espera en urgencias, más rapidez en las pruebas... Eso a lo que Natalia Chueca, cuando el rey Azcón ascienda a las mieles de un ministerio (que ya veremos), tendrá que enfrentarse y dejar a un lado las vaquillas.

Y hablando de fútbol: a esos niñatos de la Selección Española de Fútbol alguien debería explicarles que al presidente del Gobierno de España se le mira a la cara cuando te saluda. Menos mal que el fútbol, dicen, nos une a todos. Les aseguro que a mí no. 

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