Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

10 síntomas de TDAH en adultos

La hiperactividad no siempre significa moverse constantemente. En adultos puede aparecer como inquietud interna o necesidad continua de hacer cosas

Cuando pensamos en el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), todavía es habitual imaginar a un niño que no puede estarse quieto, se distrae constantemente o tiene dificultades en el colegio. Sin embargo, el TDAH también está presente en la edad adulta y no siempre resulta fácil reconocerlo.

Con los años, muchos adultos desarrollan estrategias para compensar sus dificultades. Pueden ser responsables, tener un buen rendimiento laboral e incluso parecer personas extremadamente organizadas. El esfuerzo que necesitan para conseguirlo, sin embargo, puede ser mucho mayor de lo que vemos desde fuera.

Además, la hiperactividad no siempre significa moverse constantemente. En adultos puede aparecer como inquietud interna, necesidad continua de hacer cosas o una mente que parece no detenerse nunca.

1. Te cuesta mantener la atención

Puedes empezar a leer algo y descubrir varios minutos después que no recuerdas prácticamente nada. También puede costarte seguir reuniones, conversaciones largas o tareas monótonas.

2. Procrastinas incluso cosas importantes

Las tareas largas, aburridas, poco estimulantes o cuya recompensa está muy lejos pueden generar una enorme resistencia. Por eso pueden posponerse hasta que aparece algo que aumenta suficientemente la activación: la urgencia.

3. Pierdes y olvidas cosas constantemente

Los pequeños olvidos pueden ser habituales en cualquier persona. Cuando existe TDAH, sin embargo, pueden convertirse en algo frecuente que obliga a desarrollar numerosos sistemas compensatorios: alarmas, calendarios, listas o lugares específicos donde dejar determinadas cosas.

4. Te cuesta organizar y priorizar

Tener muchas tareas pendientes puede producir una sensación de bloqueo. Todas parecen importantes, cuesta decidir por cuál empezar y organizar los pasos necesarios puede resultar más complicado que ejecutar la propia tarea.

5. Empiezas muchas cosas y terminas pocas

Un nuevo proyecto puede generar muchísimo entusiasmo al principio. Hay motivación, energía e incluso cierta obsesión durante unos días. Después, cuando desaparece la novedad, mantener el mismo nivel de implicación puede hacerse mucho más difícil.

6. Tu mente parece tener demasiadas pestañas abiertas

En adultos, la hiperactividad puede ser menos visible y aparecer principalmente a nivel mental. Un pensamiento lleva rápidamente a otro. Mientras haces algo recuerdas otra tarea, aparece una idea, después otra preocupación y finalmente puedes acabar haciendo algo completamente diferente de lo que habías empezado.

7. Actúas antes de pensarlo

La impulsividad puede aparecer al interrumpir conversaciones, responder demasiado rápido, tomar decisiones precipitadas o tener dificultades para esperar.

También puede trasladarse a otros ámbitos cotidianos: compras impulsivas, cambios repentinos de planes o decisiones que proporcionan una recompensa inmediata y que posteriormente se reconsideran.

8. Gestionar el tiempo resulta complicado

Cinco minutos pueden convertirse en veinte casi sin darte cuenta. También puedes calcular mal cuánto tardarás en realizar una tarea y acabar llegando tarde o teniendo que hacerlo todo con prisas.

9. Necesitas estímulo constantemente

Cambiar de tarea, mirar el teléfono, poner música mientras trabajas, levantarte, hablar o buscar alguna actividad nueva puede servir para mantener un nivel suficiente de estimulación.

10. Sabes lo que tienes que hacer, pero no consigues hacerlo

Desde fuera puede interpretarse como pereza, desorganización o falta de voluntad. Desde dentro, la experiencia puede ser muy diferente: saber perfectamente qué deberías hacer, querer hacerlo y, aun así, sentir una enorme dificultad para ponerse en marcha. Después aparece la culpa.

Tener estos síntomas no significa necesariamente tener TDAH

Este punto es especialmente importante. Reconocerse en varios de estos síntomas no permite diagnosticar un TDAH.

Problemas de sueño, ansiedad, depresión, estrés mantenido y otras circunstancias pueden producir dificultades parecidas. Además, todos podemos procrastinar, distraernos u olvidarnos de algo ocasionalmente.

En el TDAH hablamos de un patrón persistente de síntomas que comienza durante el desarrollo, aparece en diferentes contextos y genera un deterioro significativo en alguna esfera de la vida.

Quizá llevas años compensándolo

Algunas personas descubren su TDAH en la edad adulta después de haber pasado años pensando que simplemente eran despistadas, desorganizadas, impulsivas o incapaces de aprovechar todo su potencial.

Otras han aprendido a compensarlo tan bien que desde fuera nadie sospecharía las dificultades que experimentan. Detrás de una organización aparentemente perfecta puede haber decenas de alarmas, listas y recordatorios utilizados precisamente por miedo a olvidarse de algo.

Entender qué ocurre no consiste en buscar una etiqueta para justificar cualquier comportamiento. Consiste en encontrar una explicación cuando existe un patrón persistente de dificultades.

Tracking Pixel Contents