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Opinión

Zaragoza

Prostituir las palabras

La libertad que se persigue es la del peor liberalismo, el que reclama el Estado mínimo, la ausencia de mecanismos regulatorios de la actividad privada, la entrega al mercado de todo

A veces se quieren resignificar las palabras como por ejemplo la palabra libertad. Hace décadas que los partidos de la extrema derecha buscaron construir su identidad con esta palabra. El intento es sorprendente porque los herederos ideológicos de todas los regímenes autoritarios responsables de lo peor del siglo XX en Europa se identificaban con la misma palabra. ¿Libertad para qué? cabría preguntarse. ¿Qué entendía por libertad el Partido de la Libertad de Geert Wilders en Holanda? ¿Qué libertad quería la Liga del Norte, de Italia que se presentaba a las elecciones con la marca Liga del Pueblo de la Libertad, como el Pueblo de la Libertad del fallecido Berlusconi?

Las ideas de un libro escrito por Thilo Sarrazin, expulsado del Partido socialdemócrata, inspiró un partido xenófobo que se llamó Die Freiheit (La libertad) y que duró poco. En Austria apareció el Partido Austriaco de la Libertad. En Ucrania también existe desde hace 30 años un partido nacionalista llamado Svoboda (Libertad), de extrema derecha. ¡Viva la libertad, carajo! es el eslogan del partido de Milei que se denomina La libertad avanza. Miley con la etiqueta de liberal-libertario está desmantelando con su motosierra el Estado argentino, empobreciendo a la inmensa mayoría de la población, sometiendo a sus jubilados a un régimen de adelgazamiento obligatorio porque no llegan a fin de mes, vendiendo sus tierras a multinacionales extranjeras y su soberanía al trumpismo.

Aquí tenemos la clave. La libertad que se persigue es la del peor liberalismo, el que reclama el Estado mínimo, la ausencia de mecanismos regulatorios de la actividad privada, la entrega al mercado de todo, sea la salud, la enseñanza, los servicios sociales, la vivienda, la seguridad, la información, y hasta el agua. Con el mismo discurso xenófobo y nacionalista tratan de romper todos los vínculos sociales, los que nos hablan de solidaridad. Ahí están PP-VOX, en lo mismo, a la chita callando, poco a poco. Eso hace Ayuso en Madrid, todo un ejemplo de vampirizar lo público, eso sí, con mucha libertad para consumir cañitas en las terrazas, viajar gratis y comprarse áticos.

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