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Opinión

Asuntos siempre pendientes

Hay mucho más, claro, la política nunca tiene fin, y la clave está en priorizar, poner antes lo más urgente y trabajar sin descanso en lo importante

Estamos en agosto, a mediados, momento históricamente vacacional en España, por lo que puede ser adecuado intentar entretener a quienes se acerquen a la lectura de este artículo con asuntos alejados del día a día y de la polarización. Soy futbolero, por lo que he tenido la tentación de escribir sobre este deporte (o lo que sea) tras un mundial que nos ha dejado un gran sabor de boca y ciertos asuntos muy poco edificantes y que esperemos que no se repitan en el futuro. Pero no, dejaré mis ideas futboleras para contárselas a los amigos en un bar.

La legislatura política se está acabando, es posible que no llegue al medio año. Una tentación en quienes están en el gobierno puede ser no hacer nada, solo tratar de rentabilizar los logros. Otra opción, que es la que yo defiendo, es la de intentar avanzar en asuntos de gran calado, sabiendo que no hay tiempo para aprobarlas y utilizarlas para la inminente campaña electoral.

Primer asunto: vivienda. Se ha convertido en un gran problema para muchas personas y no se puede seguir dando la sensación de que no se puede resolver. Hay modelos, en Navarra y País Vasco, algo en Cataluña, que están funcionando, por lo que no sería difícil lanzar un proyecto basado en viviendas de alquiler público, a medio plazo, claro, y facilitar a los más necesitados soluciones urgentes. Si hay que apostar por grandes cantidades de dinero se hace, para eso están los impuestos.

Segundo: incendios. El cambio climático se está acelerando más de los esperado y no hay verano en el que no ardan miles de hectáreas. Y hay opciones que ayudarían, no a resolverlo, eso es imposible, pero sí a reducir los daños. Hay que limpiar los montes, gestionarlos, y eso es posible, contando con quienes viven en los entornos rurales con direcciones adecuadas y utilizando los residuos para uso posterior, tipo compost. Y más medios para combatirlos, no podemos estar todos los años con la cantinela de que al llegar el otoño se despide a los bomberos forestales. Buenas brigadas con medios suficientes, no hay que inventar mucho, con soportes técnicos de avisos previos. Dinero, sí, por supuesto.

Tercero: sanidad pública. Ya sé que es muy complicado puesto que la gestión de este asunto está en manos de las Comunidades Autónomas, pero la legislación estatal puede delimitar el poder que están utilizando para potenciar la privada cometiendo la gran injusticia de convertir a ciertas personas en ciudadanos de segunda, con una mala sanidad pública y sin acceso a la privada por falta de presupuesto familiar para ello.

Cuarto: educación. También en manos de las CCAA, por lo que, de entrada, cambiarlo no es fácil. España, como cualquier país, tiene una historia que condiciona muchas cosas y nosotros venimos de un pasado en el que la educación no universitaria ha estado en manos de congregaciones religiosas. Una vez aprobada la constitución hubiese sido un despilfarro apostar solo por la pública, dejando fuera a personas y edificios válidos, pero una legislación bien planteada debería haber prohibido la proliferación de centros pensados para acceder al modelo de concierto entrando, de hecho, a una financiación de las administraciones públicas a pesar de tener un ideario religioso y usando artimañas dudosas para eliminar a posibles alumnos con padres de escasos ingresos. Y sobre la universitaria, la proliferación de centros privados con profesorados de dudosa competencia y acceso a alumnos con una elevada renta familiar está consiguiendo que las públicas se vean en ciertas CCAA (Madrid es el ejemplo más evidente) asfixiadas económicamente con la consiguiente merma en la excelencia de los estudios. Una ley que ponga orden en este desbarajuste sería muy bien recibida por quienes agradecemos al estado el haber podido estudiar en tiempos en los que no existían apenas las privadas y las públicas disponían de un magnífico plantel de profesores.

Internet y asuntos conexos. Es imprescindible y urgente poner algo de orden, aceptando de antemano que cualquier medida de control va a ser mal recibida por los jóvenes y, me temo, que por muchos padres guais. Las redes sociales y la IAG van a causar mucho daño, lo vemos venir, y no estamos haciendo nada. Nuestros jóvenes, aunque ellos no lo quieran, tienen derecho a educarse mientras se van formando, sin que consignas estúpidas nacidas en no sabemos bien que lugares ni mentes desequilibradas los conviertan en robots. Que un joven de 14 años confiese que está unas 4 horas al día con su móvil debería ser un dato lo suficientemente aterrador como para ponernos a todos a trabajar en este tema.

Hay mucho más, claro, la política nunca tiene fin, y la clave está en priorizar, poner antes lo más urgente y trabajar sin descanso en lo importante. Defensa, con el inevitable aumento en el gasto, no bien aceptado por muchos ciudadanos; inmigración, con una gran presión por parte de la ultraderecha que va ganando adeptos a ritmo acelerado; la siempre pendiente reforma de la justicia, en el proceso penal y en el acceso a la carrera; nuevas tecnologías, con centros de datos que prometen el cielo y que nos traerán muchos problemas. Por citar cuatro más, aceptando que el listado no tiene fin.

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