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Opinión

Ceuta: soberanía asediada y desidia gubernamental

Violar con tal impunidad el límite territorial de España –y, por ende, de Europa— exige una respuesta firme, contundente y eficaz frente al Reino de Marruecos

La entrada masiva de cerca de 80.000 migrantes en Ceuta durante los últimos días de julio ha sumido a la ciudadanía ceutí en un profundo clima de desesperación. Transcurridas ya dos semanas desde esta fragrante quiebra fronteriza, la crisis sigue lejos de resolverse. Violar con tal impunidad el límite territorial de España –y, por ende, de Europa— exige una respuesta firme, contundente y eficaz frente al Reino de Marruecos.

Resulta, sin embargo, pasmoso contemplar cómo, ante esta vulneración directa de nuestra soberanía, la reacción oficial se está diluyendo en una maraña de eufemismos vacíos y componendas diplomáticas. Desde los púlpitos ministeriales, con los titulares de Interior y Exteriores a la cabeza, se insiste con un empeño casi servil en catalogar a Marruecos como un «socio estratégico y confiable». Cabe preguntarse qué tipo de irresponsabilidad política avala tal calificativo para un vecino geopolítico que utiliza periódicamente las crisis humanitarias como herramienta de coerción híbrida y chantaje diplomático.

A esto se suma la alarmante debilidad con la que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, ha gestionado esta emergencia. Declara sin rubor que la frontera ceutí rozaba ya la «plena normalidad» mientras las fuerzas de seguridad se veían completamente desbordadas y la tensión social escalaba en las calles de la ciudad autónoma –con un preocupante aumento de reyertas, robos y agresiones— no es posverdad o relato: es una negligencia gubernativa inexcusable.

Mientras tanto, nuestro Ejército contempla los acontecimientos con las manos atadas por la parálisis política, incapacitado para actuar ante las directrices de un Ejecutivo ausente. En mitad de este descalabro, Pedro Sánchez prolonga su descanso en La Mareta. Él y varios de sus ministros disfrutan de sus vacaciones, dedicándose a recomendar libros y canciones en Tik Tok.

El colmo del surrealismo de esta gestión ha sido, paradójicamente, la única medida firme adoptada por el Ejecutivo: imponer controles fronterizos a los ciudadanos italianos, un burdo contraataque al bloqueo parcial del espacio Schengen ordenado por Giorgia Meloni para los viajeros procedentes de España.

Esta pirueta diplomática que roza el esperpento, mientras Ceuta languidece desprotegida, retrata la alarmante ausencia de una verdadera estrategia de Estado. La defensa de la Nación exige hechos, rigor y soberanía. Lamentablemente, frente al dictado alauita, el Gobierno de Sánchez solo ofrece propaganda, desidia y resignación.

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