Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | EL RINCÓN DE PENSAR

David López

David López

Subdirector de "El Periódico de Aragón"

Zaragoza

¿Cómo se castiga una catástrofe como la de La Peña?

Hacer convivir la indignación que provoca la idea de que una sola persona haya provocado este fuego con la lógica preocupación de cuándo terminará todo esto o si llegará mucho más lejos que ahora es lo complicado en unos momentos en los que las llamas avanzan con rapidez

Avance del fuego en el municipio de Bailo afectado por el incendio de La Peña

Avance del fuego en el municipio de Bailo afectado por el incendio de La Peña / Servicio Especial

El incendio de Las Peñas de Riglos está provocando una herida todavía incalculable que todos los que seguimos el minuto a minuto de esta auténtica catástrofe nos damos cuenta de que va a tardar mucho en que cicatrice. Sobre todo porque cada novedad se clava en lo más profundo confirmando lo que ya es una catástrofe natural en un entorno espectacularmente bello. Supongo que es así para quienes conocemos ese entorno y para los que no lo han pisado nunca. Y que tiene ese efecto cada imagen publicada, cada cifra nueva de hectáreas calcinadas y cada testimonio de las personas damnificadas, por ser evacuados o vivir sumidos en la incertidumbre mientras el humo campa a sus anchas en sus pueblos empujado por el viento caprichoso.

La voracidad de las llamas aproximándose a los núcleos urbanos pone los pelos de punta, mientras uno siente las condiciones extremas que están soportando quienes están en primera línea de fuego intentando domarlo. Nunca se les agradecerá lo suficiente el inmenso esfuerzo que hacen por extinguirlo, las horas de trabajo, las altas temperaturas y el cansancio, físico y mental, que supone combatir un incendio que pone a prueba sus límites cada minuto. Una tarea siempre complicada a tener en cuenta también cuando negocien sus salarios o condiciones laborales, porque cuando se les necesita siempre están.

Y, mientras seguimos el avance de cada jornada surgen en paralelo nuevas informaciones que son igualmente relevantes. Este jueves se detenía a una persona por ser el presunto autor de este incendio atroz, que el Seprona detiene, se entiende, porque hay suficientes indicios y pruebas que le incriminan. La investigación, aún abierta determinará cómo lo hizo, si tuvo ayuda de alguien más e incluso los motivos que le llevaron a hacer semejante barbaridad. Pero el simple hecho de que sea intencionado, lo que realmente provoca es que se redoble el dolor y la consternación por las consecuencias de sus actos. ¿Qué puede llevar a alguien a provocar algo así? Y sobre todo, ¿cómo se le castiga en el caso de que se constante su autoría y culpabilidad cuando todo el paisaje ya está arrasado y tardará muchos años en renacer? Hacer convivir esa indignación con la lógica preocupación de cuándo terminará todo esto o si llegará mucho más lejos que ahora es lo complicado en estos momentos. Quizá haya que centrarse en lo urgente, que es proteger a las personas, y dejar lo otro, siendo importante para que la Justicia nos lo explique a todos cuando finalice su investigación.

Todos los incendios causan dolor, con independencia del número de hectáreas, y todos dejan una huella imborrable en el territorio. Pero el olor a quemado nos recuerda lo fácil que a veces es destruir un paisaje que tanto cuesta crear y cuidar como se merece para que lo disfrutemos todos.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents