Opinión
Los cinco errores que siempre cometemos por no tener buena autoestima
Muchas de las consecuencias de una baja autoestima no parecen tener ninguna relación con ella
Cuando pensamos en problemas de autoestima, solemos imaginar a alguien que no se gusta, que se critica demasiado o que tiene poca confianza en sí mismo. Sin embargo, sus consecuencias van bastante más allá de la imagen que tenemos de nosotros. La forma en la que valoramos quiénes somos influye en las decisiones que tomamos, los límites que ponemos, las relaciones que mantenemos e incluso aquello que creemos que podemos conseguir.
Y aquí aparece uno de los mayores problemas: muchas de las consecuencias de una baja autoestima no parecen tener ninguna relación con ella. Podemos pensar que simplemente somos indecisos, que tenemos mala suerte en nuestras relaciones o que nos cuesta decir que no. Pero detrás puede existir una misma idea: sentir que nuestras necesidades, deseos o capacidades tienen menos valor que las de los demás.
Estos son cinco errores especialmente frecuentes.
Buscar constantemente la aprobación de los demás
Preguntar qué opinan los demás no tiene nada de malo. El problema aparece cuando necesitamos su aprobación para sentir que nuestra decisión es válida.
Entonces podemos empezar a consultar prácticamente todo: si hemos actuado bien, si deberíamos hacer determinada cosa, si alguien estará enfadado con nosotros o incluso si tenemos derecho a sentirnos como nos sentimos.
La tranquilidad llega cuando alguien confirma que hemos hecho lo correcto. Pero dura poco, porque ante la siguiente decisión volvemos a necesitar esa validación. Poco a poco, acabamos confiando más en el criterio de los demás que en el nuestro.
Decir que sí cuando queremos decir que no
Este es uno de los errores más habituales. Aceptamos planes que no queremos, asumimos responsabilidades que no nos corresponden o permitimos comportamientos que nos incomodan porque poner un límite genera culpa.
Detrás suele aparecer un miedo: «¿Qué pensará de mí si digo que no?»
Queremos evitar parecer egoístas, decepcionar a alguien o provocar un conflicto. Y para evitar esa incomodidad inmediata terminamos sacrificando nuestras propias necesidades. El problema es que decir constantemente que sí a los demás puede convertirse, sin darnos cuenta, en una manera de decirnos que no a nosotros mismos.
Quedarnos en relaciones que nos hacen daño
La autoestima también influye en aquello que creemos merecer dentro de nuestras relaciones. Cuando existe una percepción negativa de uno mismo, determinadas conductas pueden tolerarse durante demasiado tiempo. Justificamos faltas de respeto, aceptamos recibir mucho menos de lo que ofrecemos o permanecemos en vínculos donde nuestras necesidades apenas tienen espacio. Incluso podemos pensar que pedir algo diferente es exigir demasiado. Y aparece otro miedo: que poner límites implique perder a esa persona.
Por eso trabajar la autoestima también implica revisar qué estamos aceptando únicamente porque tenemos miedo de que la alternativa sea quedarnos solos.
No intentar algo por miedo a no ser suficientemente buenos
A veces pensamos que una baja autoestima solo genera inseguridad después de equivocarnos. Pero puede actuar mucho antes. Puede hacer que ni siquiera lo intentemos.
No enviamos ese currículum porque pensamos que habrá candidatos mejores. No empezamos un proyecto porque creemos que probablemente saldrá mal. No hablamos con alguien porque damos por hecho que no estará interesado. La mente encuentra una solución aparentemente eficaz para protegernos del fracaso: no exponernos a él.
El precio de esa protección es alto. Porque nunca descubrimos qué habría ocurrido realmente. Y cada oportunidad evitada puede reforzar la misma creencia con la que empezamos: «yo no podría».
Hablarte de una manera que jamás aceptarías de otra persona
Quizá este sea el error más invisible. Cometemos una equivocación y pensamos: «soy idiota». Algo sale mal y aparece inmediatamente: «sabía que no iba a poder». Nos miramos al espejo y nuestra atención se dirige automáticamente hacia aquello que no nos gusta. Lo hacemos tantas veces que dejamos de percibirlo como agresivo.
Sin embargo, probablemente no hablaríamos así a alguien que queremos. El diálogo interno repetido acaba influyendo en cómo interpretamos lo que nos sucede. Si ya creemos que somos insuficientes, cada error parece demostrarlo mientras que los éxitos se atribuyen a la suerte, se minimizan o simplemente se olvidan.
Así, la autoestima baja encuentra constantemente nuevas pruebas para mantenerse. La autoestima también se ve en las decisiones que tomamos. Puedes tener problemas de autoestima sin pensar constantemente «no me quiero».
A veces se manifiestan de formas mucho menos evidentes: pedir perdón por todo, necesitar confirmación antes de decidir, soportar situaciones que nos hacen daño o rechazar oportunidades antes incluso de intentarlo.
Por eso quizá una de las mejores preguntas que podemos hacernos es sencilla: «¿Tomaría esta misma decisión si confiara un poco más en mí?»
La respuesta puede resultar incómoda. Pero también puede enseñarnos en qué momentos nuestra autoestima está decidiendo por nosotros.
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