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Opinión

Tiempos de impunidad

«La ignorancia de las leyes no exime de su cumplimiento». Así lo establece un principio jurídico generalmente aceptado. Pues parece que eso sería en el pasado, porque estamos en otra era. La era de Trump, en la que conociendo o desconociendo las leyes, hace lo que le sale de la entrepierna. Hace lo que le da la real gana tanto dentro como fuera de su país. Igual construye un salón de baile en la Casa Blanca como declara territorio norteamericano el Estrecho de Ormuz o amenaza con quedarse con Canadá o Groenlandia, administra Venezuela manu militari, y sobre todo avala la criminal política sionista que está condenando a los palestinos a la muerte y a su desaparición. Los judíos de Israel, que parece avalan el genocidio, están robando sin parar, quedándose con sus tierras y matando todos los días en Gaza y en Cisjordania. Sus ministros recomiendan a sus soldados que maten unas cuantas decenas cada noche y presentan como novedad unas cabinas para ahorcar palestinos con palcos para ver el espectáculo.

Este exterminio planificado no empezó con Trump pero ha llegado al máximo y se hace sin ningún pudor. Y si la Corte Internacional amenaza con condenas, pues se acorrala a los jueces y se acaba con ella. Igual que en la política interna, quien se opone al emperador se arriesga al cese o a algo peor. Les importan un bledo el Derecho Internacional y las leyes de su país. La impunidad que transmiten es indignante. Y crea escuela. Se llama trumpismo. Hay una ley que establece lo que se puede hacer y lo que no con los menores inmigrantes en este país. Feijóo, y Abascal por supuesto, la ignoran.

A más de uno le valió una condena de inhabilitación por hacerlo mal, pero es igual. La cuestión es ganar espacio entre las huestes de extrema derecha. Cualquier político que afirme que todos serán devueltos a su país o es ignorante o malvado, o las dos cosas a la vez. Las leyes están para cumplirlas, en este caso también. Que las leyes no permiten hacer oficinas en un ático, pues qué más da. Si no se trataba de eso, hombre, sino de asegurar a la reina del vermut gratis et amore, una residencia unos cuantos añitos. Trampistas impunes

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