Opinión
Eclipsados por pirómanos
Negacionistas en gobiernos y empresas tienen una responsabilidad enorme en la ola de incendios que devora nuestro territorio.
Las causas del fuego son diversas y la gestión del territorio es compleja. No pretendo hacer un análisis exhaustivo, sino poner el foco sobre culpables que algunos tratan de obviar. Nos repiten en bucle las mismas frases: «los montes no se limpian», «que se pudran en la cárcel los pirómanos» o «cambios climáticos ha habido siempre». Estas consignas de barra de bar son una cortina de humo para esconder responsabilidades políticas y económicas brutales.
Si queremos señalar las verdaderas causas de la destrucción que padecemos en Aragón y en el resto de la Península, hay tres realidades ineludibles:
- La emergencia climática. El aumento acelerado de las temperaturas no es una teoría: es una amenaza física inmediata. Cualquier profesional de la extinción sabe que, ante olas de calor extremo, humedad ambiental por los suelos y rachas de viento violentas, un fuego se vuelve inapagable. Nuestro territorio es una tea: el monte está sequísimo y cualquier chispa provoca un desastre colosal. Negar esto hoy no es un debate político, es una irresponsabilidad criminal.
- El abandono del medio rural y el extractivismo. Esto viene de lejos, impulsado por el éxodo rural histórico y la falta estructural de servicios básicos. La industrialización de la agricultura y la ganadería, la expulsión franquista de los pueblos a las ciudades, la falta de oportunidades (trabajo, transporte, educación, sanidad, vivienda) y los cambios culturales hacia una sociedad cada vez más urbanizada hacen que algunas prácticas beneficiosas para mitigar los incendios, estén en peligro de extinción o directamente desaparecidas. Con la desaparición del pastoreo y de la ganadería extensiva trashumante perdemos cortafuegos naturales cruciales. Tampoco ayuda la inmensa cantidad de terrenos privados abandonados a la especulación, ni unas administraciones que incumplen sus obligaciones por desidia. Para colmo, mientras los pueblos languidecen, el medio natural aragonés se machaca con proyectos extractivistas –minería, macrogranjas, masificación energética o centros de datos masivos consumiendo agua y energía– en lugar de proteger el equilibrio de la tierra. No es cierto que no se permita limpiar el monte. Conocemos buenos ejemplos de montes bien gestionados, tanto con usos tradicionales sostenibles, como con protección estricta de ecosistemas. Sin embargo, el abandono gana terreno año a año.
- Políticas de recortes, negacionismo y amiguismo. El mejor ejemplo nos lo dan las personas que se dejan la piel entre las llamas. Las unánimes reivindicaciones de todas las fuerzas sindicales que representan a trabajadores de los operativos de prevención y extinción de incendios son de puro sentido común. Justo lo que le falta al Gobierno de Aragón de Jorge Azcón (PP-Vox), empeñado en hacer oídos sordos a una mayor dotación y estabilización de las plantillas, a unas condiciones laborales dignas y a políticas públicas de prevención y defensa de pueblos y montes.Aragón se sitúa a la cabeza en precariedad de medios propios y a la cola en prevención, convirtiéndose en la comunidad que más auxilio exterior requiere. La estrategia de Azcón es calcada a la fórmula de Ayuso: recortar impuestos a las rentas altas mientras se exige desesperadamente el rescate del Gobierno central. Ante la incapacidad de abarcar la ola de fuegos, la extinción termina dependiendo de decenas de intervenciones de aviones y helicópteros del Estado o de la colaboración transfronteriza con Francia.Hay pirómanos que no llevan mechero, sino traje y corbata. Pirómanos de despacho que recortan presupuestos en prevención, gestión forestal, educación ambiental y lucha contra el fuego. Pirómanos que niegan o minimizan la evidencia científica sobre el cambio climático y priorizan los intereses de sus amigos especuladores sobre la vida de nuestros pueblos y montes. Pirómanos que gobiernan al servicio de oligopolios en sanidad, educación, energía y medio ambiente, dejando a la suerte del fuego el futuro del territorio.
La alternativa es obvia: organizarnos y ganarles. En todos los ámbitos. En cada pueblo y barrios, en asociaciones, sindicatos y organizaciones políticas. Necesitamos una gran alianza para poner en marcha políticas valientes, adaptarnos a la realidad y defender, por encima de los negocios de unos pocos, la naturaleza y la vida. Que no nos eclipsen.
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