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Opinión | el comentario

Jorge Dezcallar

Jorge Dezcallar

Exdirector del CNI.

Acuerdos y desacuerdos

Mientras norteamericanos e iraníes parecen dispuestos a volver a las andadas tras finalizar esta semana sin acuerdo el plazo de 60 días que se dieron para lograrlo, otras noticias que llegan de Oriente Medio pueden ser más alentadoras... o quizás no, que tampoco conviene exagerar.

Los saudíes podrían lograr su sueño de acceder a la tecnología nuclear civil con ayuda norteamericana. Parece en principio una buena noticia pero está rodeada de trampas: para empezar complica cualquier posible negociación nuclear futura de EEUU con Irán, porque el acuerdo permite a Riad enriquecer uranio mientras que a Irán se le niega esa posibilidad y Teherán verá ahí un doble rasero inaceptable. El acuerdo tampoco gusta a Israel, que justificadamente desconfía de todos y que injustificadamente quiere ser el único país de la región con acceso a tecnología nuclear. Nadie más. Punto. Y tampoco gusta a Emiratos Árabes Unidos (EAU), que ya hicieron en 2009 un acuerdo similar con EEUU pero con dos condiciones que ahora Washington no exige a Riad: aceptar inspecciones de la AIEA sin previo aviso y renunciar a producir su propio combustible nuclear.

Otra diferencia es que los EAU aceptaron participar en los Acuerdos Abraham y normalizar relaciones diplomáticas con Israel, condición que a los saudíes no se les exigió en principio, aunque Trump, siempre confuso, la ha añadido más tarde (de palabra) con Netanyahu aplaudiendo con las orejas pues sabe bien que con esa condición el acuerdo nacerá muerto, porque Riad no establecerá nunca relaciones con Israel salvo que este país acepte un Estado palestino y eso es anatema para Bibi, que lleva 20 años trabajando para hacerlo imposible. Y consiguiéndolo, que es peor.

Este acuerdo supondría muchos miles de millones de dólares para las empresas norteamericanas que construyan estas instalaciones, una enorme ganancia pájaro en mano que es el lenguaje que Donald Trump entiende y con el que se encuentra cómodo. Pero hay que reconocer que no se trata solo de dinero. A favor del acuerdo cabe citar también que refuerza la relación de EEUU con Arabia Saudita y que Washington podrá controlar el programa nuclear de Riad e impedir su uso militar. O eso dicen. También, no menos importante, el acuerdo cierra la puerta a las ambiciones de China y de Rusia de llevarse el gato al agua y comerse un trozo de pastel nuclear en Oriente Medio. Les deja a dos velas mientras los saudíes logran su sueño de abrirse a la energía nuclear para cubrir sus necesidades y reducir su dependencia del petróleo, dejando así más crudo para exportar. El gran riesgo es que si algo sale mal, cosa no imposible, este acuerdo puede abrir la puerta a una peligrosa carrera de armamentos en la región, una carrera a la que con seguridad se lanzarían de entrada Turquía, Egipto e Irán.

La otra noticia de estos días es el acuerdo de defensa entre países tan dispares como Turquía, miembro de la OTAN; Pakistán, única potencia nuclear musulmana, y Arabia Saudí, líder del mundo sunita y con grandes reservas de petróleo. Este pacto entre sunitas incluye un compromiso de defensa colectiva al estilo del artículo cinco de la OTAN, y amplía otro acuerdo del año pasado por el que Islamabad ponía su programa nuclear «a disposición» de Riad si un día lo necesitaba. La noticia no gusta a americanos, chinos y rusos (y tampoco a Israel), que se ven marginados de este intento de reordenar la geopolítica regional.

Son noticias preocupantes porque con toda la arquitectura de seguridad nuclear desmantelada; con americanos, rusos y chinos armándose y modernizando sus arsenales; con el riesgo no descartable del uso de armas nucleares tácticas por Rusia en la guerra de Ucrania; con Corea del Norte nuclear, por libre y dirigida por un loco; con las crecientes dudas de países como Alemania, Polonia, Japón y Corea del Sur sobre la protección de la sombrilla nuclear americana con el voluble Trump en La Casa Blanca... con todo eso estos últimos movimientos diplomáticos pueden acabar aumentando el riesgo en una zona tan volátil como Oriente Medio, donde la tensión sigue aumentando porque Trump ahora amenaza con bombardear Omán y asfixiar económicamente a Irán, e Israel añade una base siria a la larga lista de sus ataques con impunidad.

Además, ¿defendería ahora Pakistán a Arabia Saudita si Irán la ataca? El riesgo de extensión del conflicto sigue aumentando con cada día que pasa. Es muy preocupante.

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