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Opinión | el artículo del día

Un libro y una frase

Tuve la ocasión de conocer a Sisinio Pérez Garzón en un acto académico, en su condición de catedrático de Historia Contemporánea. Como no estábamos solos los dos tuve que compartir su conversación con otras personas, pero fui afortunado y pudimos contarnos episodios personales y profesionales. Cuando nos despedimos, un abrazo cordial selló nuestra buena sintonía. Tras su jubilación este profesor publicó una obra muy interesante: Breve historia de España (2025). Debo advertir que, con ese mismo título, hay otros libros de diferentes autores (el de Fernando García de Cortázar, a mi juicio menos recomendable, tuvo un gran éxito popular).

Se trata de una obra extraordinaria, de lectura obligada para quien tenga cierto interés en conocer el devenir de la España que aún no era tal y de esta desde su nacimiento hasta nuestros días. Es una obra de madurez, de alguien que ha dedicado toda su vida profesional al estudio y enseñanza de la historia contemporánea, pero no solo, y que nos brinda un relato alejado de nombres y fechas, en lo posible, y que da una visión muy entendible.

Este profesor ha dedicado estudios a temas muy actuales, como el feminismo o la política (donde ha participado activamente un tiempo), y el motivo de que hoy escriba sobre él, además del libro ya citado, es una reflexión que ha repetido en artículos de opinión en prensa que me parece muy acertada y oportuna. Se trata de no considerar al oponente político como enemigo. La frase que destaco en el título no es suya, aunque, evidentemente, tiene una importante conexión con lo que acabo de escribir. El autor es un alemán de nacimiento e inglés posteriormente por voluntad propia, Ralf Dahrendorf. Tuvo un papel destacado en el segundo nivel, de alto funcionario y parlamentario, en los primeros años de lo que hoy es la UE, dejando estudios muy interesantes para entender el camino seguido. La frase que quiero destacar es la siguiente: la democracia consiste en la convivencia en el conflicto.

Los dos destacan guerra, solo hay enemigos entonces, y conflicto, que se da en paz. Y ponen el acento en lo que hay que hacer para evitar lo peor. El mundo actual está gobernado, en algunos países, por personajes (Trump, Putin, Netanyahu, otros en menor medida) que hacen o propician las guerras y abusan de terminología que remite a ese escenario. Y si descendemos a nuestra realidad, escuchamos en sede parlamentaria a un diputado de Vox, Figaredo es su primer apellido, hablar de caza. ¿Cómo podemos hablar de convivencia pretendiendo cazar a semejantes?

Para mí es evidente que hay personas y partidos políticos que hablan de enemigos y que no aceptan la convivencia, por lo que, partiendo de la premisa de Dahrendorf, no quieren la democracia. Llegados a este punto la pregunta es obvia: ¿qué hacer? En Alemania su constitución permite la ilegalización de partidos de ideología de extrema derecha, lo que está permitiendo que se hable de la apertura de un expediente en este sentido a Alternativa para Alemania, AfD. No hay identidad entre este partido y Vox, no, no afirmo eso, pero muchas similitudes sí.

Además de las ideas citadas de dos intelectuales del peso de Pérez Garzón y Dahrendorf, son abundantes los artículos en prensa y revistas especializadas que alertan de la deriva (¿totalitaria?) de la ultraderecha en el mundo. Frente a una posición más prudente, que propone esperar, hay quienes alertan del daño irreversible que la inacción puede facilitar. Por seguir con el ejemplo germano, la derecha clásica mantiene un cordón sanitario, evitando pactar con los ultras, al menos de momento, a la espera de que, en próximos comicios con mayorías de AfD, se abandone esa decisión, muy afortunada y defendible para mí. En España la situación es muy diferente ya que los pactos en ciudades y varias comunidades autónomas entre derecha y ultras es un hecho. A ello hay que añadir que en Cataluña los sondeos vaticinan un gran crecimiento al partido Alianza Catalana, con una líder muy potente, Silvia Orriols, alcaldesa de Ripoll, que en la carrera por el margen derecho del espectro político puede adelantar a Vox.

¿Seguimos esperando? A mi juicio es un grave error. Los partidos políticos democráticos tienen que denunciar ante la opinión pública y en los parlamentos todas y cada una de las manifestaciones ultras que vayan en contra de la convivencia. Y entre los órganos de lo que solemos denominar justicia, especialmente la fiscalía, no pueden dejar pasar ni una de las acciones o expresiones que puedan incurrir en delitos tipificados en nuestro Código Penal.

Pensando en el futuro, reitero una idea ya expresada en otros artículos, hay que legislar, como se ha hecho en países como Australia o Francia (a pesar del revés de su Corte Constitucional), para dificultar el acceso de los adolescentes a las redes sociales a una temprana edad. Las encuestas están demostrando que nuestros jóvenes, ellos mucho más que ellas, manifiestan ya indicios de comportamientos próximos a la ultraderecha, a quienes no creen en la convivencia.

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