Opinión

Director de "El Periódico de Aragón"
¿Dónde pone la energía Aragón?
El Ejecutivo de Azcón debe atacar las prioridades de la legislatura, primar gestión sobre ideología y engrasar la maquinaria de la coalición para evitar sustos

Jorge Azcón (PP) y Alejandro Nolasco (Vox), el día que firmaron su pacto de Gobierno. / Jaime Galindo
La comunidad comienza el nuevo curso político con un verano para olvidar en el que los incendios han dejado un muerto, más de 45.000 hectáreas quemadas, decenas de municipios desalojados y un paisaje desolador en parajes que todos los aragoneses tienen en su memoria. Con esta dura resaca es con la que Aragón inicia el último cuatrimestre en un escenario nacional todavía más convulso que el previsto inicialmente por la crisis migratoria que se vive y con varios frentes internos abiertos. Será en ese contexto en el que el Ejecutivo de Azcón intentará que el gobierno de coalición con Vox no plantee más problemas de los que ya hay sobre la mesa. Porque los hay. De ahí, la necesidad de encarar con decisión y sin ruido los retos de un nuevo año, que para más inri será electoral, con las municipales en apenas nueve meses y las generales cuando tenga a bien Pedro Sánchez.
Resultará trascendental que las prioridades de Aragón coincidan con las de un Ejecutivo autonómico que tiene como principales retos rebajar la tensión en el sector educativo, dar respuesta al sector sanitario con más profesionales y tecnología, impulsar el mercado laboral con la llegada de talento y capital humano que den respuesta a la demanda de trabajadores por parte de las empresas, mantener un posición clara y única sobre su política de inmigración haciéndola compatible con el respeto a la ley y los derechos humanos, aumentar la oferta de vivienda en Zaragoza capital y el resto del territorio, y, finalmente, batallar para que la energía aflore en la comunidad y permita mejorar la atracción de proyectos y la competitividad de las empresas. Hay muchos más, pero empleo, energía, sanidad, educación, inmigración y vivienda son asuntos en los que Aragón se juega su ser o no ser. De la financiación autonómica, mejor olvidarse hasta la próxima legislatura porque el equilibrio de fuerzas y la debilidad del Gobierno de Pedro Sánchez hacen ser más que pesimistas.
Sin trincheras ideológicas
Todos estos temas son, en realidad, lugares comunes de una sociedad que necesita más respuestas que disputas y que prefiere buscar soluciones a los problemas antes que enrocarse en trincheras ideológicas. Aunque para muchos eso sería ir contracorriente –está muy de moda el enfrentamiento, las afirmaciones categóricas y la mala costumbre de no escuchar– lo que verdaderamente espera la sociedad aragonesa es que la gestión esté por encima de la discusión. La colaboración y la cooperación entre administraciones, algo que se ha puesto en práctica este verano para compartir recursos a la hora de hacer frente a los incendios, deberían replicarse en todas y cada una de las áreas de responsabilidad.
La capacidad de hacer autocrítica es otra de las cualidades brilla por su ausencia en los últimos tiempos en la política. La labor de la oposición y de los gobiernos no debería consistir tanto en buscar culpables como en mirarse al espejo, ver en qué se ha podido fallar e implementar las medidas necesarias. Y a ser posible juntos en las cuestiones troncales. Equivocarse es de humanos, pero también debe serlo corregir errores. Nunca es tarde.
Empleo, energía, sanidad, educación, inmigración y vivienda son los asuntos en los que la comunidad se juega el ser o no ser
La gran pregunta es ¿dónde ha de poner toda su energía Aragón? ¿Cuáles son los asuntos que han de estar en los primeros puestos del orden del día? El cálculo y la estrategia electoral suelen estar reñidos con el trabajo responsable. La búsqueda del rédito inmediato, el titular fácil y la palmada en la espalda suele ser más reconfortante que hacer un trabajo silencioso, casi imperceptible, pero eficaz en el medio y largo plazo. Todo el mundo espera presentar una buena hoja de servicios, aunque sea a costa de maquillarla o incluso a falsearla, pero cuando eso sucede quedan al descubierto todas las costuras. La labor, por tanto, ha de ser discreta, diaria y constante. Entre la siembra y la cosecha transcurre un tiempo, pero si ese periodo se desperdicia y no se trabaja con responsabilidad, el resultado es el de todos conocido.
Este es el cambio de paradigma que reclaman los ciudadanos y que ya está aquí. El que no se haya enterado todavía quizá debería dedicarse a otras cosas o, al menos, dejar hacer a quien tiene ganas, voluntad y energía.
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