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Opinión | EN EL PUNTO DE MIRA

Ceuta como excusa

«Éramos pocos y parió la abuela». El refranero español tiene siempre ejemplos para recomendarnos reglas de conducta, comportamiento, conocimientos y hasta formas de entender y estar en la vida. La abuela, en este caso y en este refrán, es Ceuta, la ciudad que está gafada con las invasiones migratorias procedentes de Marruecos.

En apenas unas horas, 72.000 personas forzaron las líneas fronterizas y entraron en una ciudad de no más de 80.000 habitantes. El precio, 150 muertos y desaparecidos, que algún día deberían estar en la causa criminal contra quienes instigaron tal movilización. La imagen no ha sido esa, ni siquiera la de sus entierros. Los vídeos de la masiva entrada y la reacción timorata, miedosa e indigna de algunos dirigentes de la UE han sido las portadas de todos los telediarios del mundo.

Todo para justificar políticas migratorias contrarias a la carta de los derechos fundamentales de la UE y apoyar políticas xenófobas que aplica ya la extrema derecha. No es cierto, la UE no está sufriendo una avalancha migratoria africana. Los que atravesaron la frontera ceutí eran en su mayoría jóvenes marroquíes. Casi todos volvieron a su país en escasas horas. La Italia de Meloni, que pidió la expulsión de España del espacio Schengen, recibió en 2025 de forma irregular 67.000 personas, frente a las 37.000 de nuestro país.

Las estadísticas demuestran que los sucesos de Ceuta han sido una excepción. En todo el año 2025 llegaron a la ciudad 3.500 personas de todo África. En el primer semestre de 2026 han llegado a Italia, Grecia y España menos de 50.000 personas procedentes de todo África y Oriente Próximo. Nada de esto vale frente a la demagogia, el miedo y las redes inflamadas de odio. La imagen de una UE vulnerable, insolidaria para con sus miembros y ensimismada en sus próximos procesos electorales ha sido la primera víctima.

El África subsahariana atraviesa por algo más que las diez plagas bíblicas. Dos años de sequía, guerras interminables, estados fallidos, persecuciones por motivos tribales, religiosos y sexuales, mercenarios y aventureros por doquier, ejércitos de niños alistados a la fuerza... Son lo que hace que miles de jóvenes salgan huyendo de Mali de la guerra, del Niger perseguidos por el yihadismo, de Burkina Faso, del Chad, de Mauritania y Sudán, y estén esperando tramitar su solicitud de asilo en los campamentos improvisados o en las calles de Ceuta.

Ellos son la muestra de cómo el lugar donde naces condiciona tu vida. Hacerlo en la UE supone nacer con una mochila de derechos hasta la muerte. Hacerlo a dos horas de avión en esa África superpoblada y en otros muchos países supone arrastrar calamidades y miserias de por vida. Es muy fácil desde la opulencia del mundo desarrollado hacer de ellos chivos expiatorios de todos nuestros males, perseguirlos y hasta alentar que los cacen o pesquen para expulsarlos cual animales, como hizo el diputado de Vox señor Figaredo, sangre de explotadores enriquecidos con la muerte y el sudor de la minería asturiana.

Pero hay más. En esta crisis, las lumbreras del PP se han lucido. Desde Feijóo pasando por Vivas, presidente de la ciudad autónoma de Ceuta, hasta el último de la fila, exigen la inmediata devolución de todos los mayores, niños y solicitantes de asilo por la frontera del Tarajal. De sobras saben que en un Estado de derecho hay que respetar la ley. No se hizo en 2021 con la devolución en caliente de 55 menores y fueron anuladas por el Tribunal Supremo en sentencias 86 y 87 del 22 de enero del 2024 y declaradas expresamente ilegales señalando que vulneran el art. 15 de la Constitución. No se reconoció el interés superior del menor y se llevaron a cabo de manera colectiva (tal y como pide el PP) y no individual, contraviniendo el Convenio Europeo de Derechos Humanos del cual España forma parte.

La Audiencia provincial de Cádiz fue más allá que el Supremo y en 2025 condenó por prevaricación a la entonces delegada del gobierno en Ceuta y a la vicepresidenta de la ciudad autónoma al considerar que impulsaron las devoluciones pese a conocer las advertencias sobre su ilegalidad.

Esta llamada a la prevaricación del Gobierno, a saltarse el Estado de derecho y a romper con las orientaciones de la UE son inexplicables e incalificables, puro tacticismo ante Vox y ante sectores de la población alarmados con lo ocurrido. Las personas allí estancadas y los habitantes de esa ciudad le importan un comino a la derecha con tal de desgastar al Gobierno.

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