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Opinión

Zaragoza

Hay incendiarios en Ceuta

Esperar soluciones de Borja Semper, Ester Muñoz, Cuca Gamarra, Miguel Tellado o Elías Bendodo y, por supuesto, de su jefe Feijóo, es una esperanza inútil

Que sí, vale, que la respuesta del Gobierno podía haber sido más rápida y más eficaz, que hay aspectos que cuesta entender, que hay incógnitas pendientes de aclaración y que la diplomacia es un instrumento para no empeorar las cosas, aunque haya que tragarse algún sapo. Pero una vez más hay que decir que los problemas complejos no tienen soluciones fáciles. Si acaso sólo en la cabeza de los simples y de los fanáticos. Esperar soluciones de Borja Semper, Ester Muñoz, Cuca Gamarra, Miguel Tellado o Elías Bendodo y, por supuesto, de su jefe Feijóo, es una esperanza inútil. En esta crisis han demostrado una vez más su capacidad para incendiar, sembrar odio, racismo y xenofobia. Todo sea por deteriorar al Gobierno de Sánchez.

Y aparece en escena el incendiario principal, Aznar, el de «el que pueda hacer, que haga». ¿Y lo hace para ayudar? En ningún caso. Se trata de aceptar el contagio racista, compitiendo con la ultraderecha, y sus discursos de deshumanización y criminalización de los migrantes, incluidos niños y niñas. Él fue a dar lecciones de patriotismo al servicio de EE.UU. y de Israel porque eso es lo que vino a decir aludiendo a las alianzas internacionales necesarias, aunque sea a costa de tragar el genocidio sobre los palestinos y lo que haga falta. Todo un patriota, como su mujer, la que vendió viviendas sociales a fondos buitres para beneficio de uno de sus hijos, sin que por el momento ningún Peinado investigue su fortuna ni sus actividades como dar consejos por los que cobra millones, porque él sí, él puede hacerse rico.

El que nos metió en la guerra de Irak, el que gestionó de manera tan infame el accidente del Yak-42, o el accidente del Prestige con su chapapote, el mentiroso del 11M, o en fin, los responsables de la gestión de las residencias madrileñas durante la pandemia o la dana de Valencia o la falta de medios para atajar los incendios de los últimos años, son los que se atreven a dar lecciones de cómo gestionar esta crisis. De paso estigmatizan a las organizaciones de ayuda humanitaria, como la Cruz Roja, y unos pocos fanáticos la acusan de mafia. Siembran odio y violencia.

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