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Opinión

Nunca fue fácil, ahora menos

A Sánchez en estos ocho años le han tocado todas las cosas que en cualquier otro momento catalogaríamos de realismo mágico, eventos que parecían irreales pero que no lo son, pues han sido graves y muy reales

Los cambios económicos, tecnológicos, en las estructuras sociales y políticas, en las relaciones internacionales están generando un mundo lleno de incertidumbres para la ciudadanía y para los poderes públicos. Gobernar nunca habrá sido fácil pero durante muchos años, varias legislaturas, parecían existir amplios consensos sociales y políticos respecto a qué hacer en nuestro país en un horizonte de integración europea y de caminar en ese club, que permitían orientar tanto las políticas nacionales como las internacionales. En ese contexto podíamos decir que se desarrollaron los mandatos de González y Aznar, en este último caso roto ese consenso por su empeño en la guerra de Irak.

Con Zapatero se produjo una gran crisis económica internacional que terminó con su gobierno y enseñó las costuras de la Unión Europea de entonces, que no ayudó a salir de la crisis pero que quizá aprendió cómo hacerlo para las futuras. Rajoy tuvo que gestionar la aventura del procés que no nace con él. Viene de muy atrás, posiblemente de la impunidad que facilita Felipe González a Jordi Pujol con la quiebra fraudulenta de Banca Catalana. De lo demás, puros y prensa deportiva, y policía patriótica para esconder las pruebas de un modelo de corrupción sistémico que permitía financiar al PP y enriquecer a sus dirigentes.

Sánchez empezó con una crisis sanitaria inédita y ha asumido con entereza, responsabilidad y capacidad retos como el covid, la guerra de Ucrania, el unilateralismo y las locuras de Trump y las políticas genocidas de Israel y ha mantenido una actitud digna en la Unión Europea ante esos temas y en relación a la OTAN. En un ámbito más doméstico, ha tenido que apoyarse en los restos del independentismo catalán que acabó por aprender que incumplir las leyes tiene un coste, aunque una parte importante de la sociedad española considerase que fue poco lo que pagaron. Por necesidad sin duda más que por convicción, Sánchez asumió la amnistía, fuente de no pocos problemas para su partido y de cierta quiebra social.

La guerra de Ucrania ha tenido y tiene importantes consecuencias geopolíticas y económicas. De las primeras señalaremos que la invasión de Ucrania representa el retorno a unos tiempos en los que la ocupación de países y el reparto de los recursos económicos se hacían por medio de la guerra. Hemos vuelto a los viejos tiempos de principios del siglo XX y anteriores. En el aspecto económico sufrimos unas tasas de inflación que sin duda empobrecieron a nuestra sociedad, pero hay más. No se nos dice cuánto nos está costando esta guerra pero Europa y Estados Unidos estamos financiándola y en algún momento tendremos que asumir el coste real que ahora con deuda pública se esconde. No nos saldrá barata.

La elección de Trump con una visión unilateral de las relaciones entre los países y el respeto a las normas, con un tono claramente autoritario interna y externamente, ha supuesto un vuelco en las relaciones soberanas y autónomas en la comunidad internacional. Algunos asumieron servilmente las políticas trumpistas aunque de poco les ha servido. Sánchez no lo hizo y eso nos ha puesto en el disparadero. España es de los pocos países con gobiernos progresistas en la UE y además ha mantenido una política autónoma, dentro de la UE pero autónoma en cuanto a los valores progresistas o simplemente de los meros derechos humanos. Esto que no ha gustado ni a EEUU ni a Israel tiene un coste.

Si la invasión de Ucrania es la política tosca de las cañoneras, la intervención en las políticas de otros países es una práctica antigua del sionismo internacional. Israel históricamente influye poderosamente en la elección del 94% de los congresistas americanos para que le favorezcan en los diversos foros y cuestiones. Hoy los instrumentos para la intervención en las opiniones públicas son más potentes y efectivos yencontramos formas sutiles y baratas de condicionar la política y los intereses de los países. Son las guerras híbridas. La invasión de Ceuta lo es. Se ha dicho y es mi opinión, que es la factura que se cobra Estados Unidos e Israel, vía Marruecos y la ultraderecha, por las posiciones progresistas mantenidas por el gobierno de Sánchez e indirectamente permite dividir y debilitar a la UE.

A Sánchez en estos ocho años le han tocado todas las cosas que en cualquier otro momento catalogaríamos de realismo mágico, eventos que parecían irreales pero que no lo son, pues han sido graves y muy reales. Por ello, cabe preguntarse, ¿qué hubieran hecho otros?

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