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Opinión

Zaragoza

Demasiado humano

Esa «alegría de existir» más allá del bien y del mal (conceptos en los que tampoco Nietzsche creía) debería ser el único camino para el pensamiento

Los lectores de Nietzsche saben que sus conceptos fundamentales se repiten en sus libros, a modo de ideas sustanciales de su filosofía. Una de las más recurrentes fue la de la metafísica de un nuevo hombre -el «superhombre»- y la aproximación a su hipotético ser mediante, sobre todo, la renuncia o repudio de casi todo lo anterior, de aquello «añadido» o «adherido» a una falsa interpretación de lo que él consideraba como verdadera metafísica. En Humano, demasiado humano (excelente, en verdad, la nueva reedición de Edaf, con prólogo de Dolores Castrillo y traducción de Carlos Vergara), el filósofo alemán, nacido en Sajonia en 1844, ensayará, entre otras muchas propuestas, una suerte de «retorno a la naturaleza», en su búsqueda de la naturaleza humana.

Humanidad desviada o pervertida por los dogmas de las religiones y por todas aquellas «verdades», a su juicio superadas, urdidas por los filósofos alejados de la que para él era una de las grandes y primordiales certezas del ser humano: su gozosa participación en la más pura manifestación de la vida, en el dionisíaco gozo de vivir. Esto es, en el simple y maravilloso hecho de existir sin necesidad de creer en nada más, ni en los juicios eternos, ni en los cielos sobrenaturales ni en las promesas de paraísos de fe, ni siquiera en esa irrefrenable tendencia nuestra por calificarlo, juzgadlo, clasificarlo y etiquetarlo racionalmente todo a fin de tratar de entenderlo.

Esa «alegría de existir» más allá del bien y del mal (conceptos en los que tampoco Nietzsche creía) debería ser el único camino para el pensamiento, la acción y el nuevo hecho de filosofar de acuerdo a la involución de los viejos valores y a la intuición de un «superhombre» por nacer, capaz de hacer renacer a la especie humana y de cambiar el sentido y la dirección de su destino, superando su vulgaridad y dejando atrás su entreguismo a la religión gracias al advenimiento y dominio de un nuevo «superhombre».

En Humano, demasiado humano, la excelsa criatura anunciada por el profeta Zaratustra no habrá mostrado aún su potencial, por lo que Nietzsche, todavía en labores de desbroce y derribo, se centró en la crítica del conocimiento, el arte y la religión, entre otros muchos factores de su experiencia intelectual y de la sociedad que le tocó vivir.

Un ensayo lúcido y precursor, que hoy sigue asombrando por su audacia.

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