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Opinión

Zaragoza

Llamar a las cosas por su nombre

Sánchez ha optado por la prudencia diplomática, pero aparecen informes policiales que apuntan en otra dirección

Hay crisis que no solo ponen a prueba a los gobiernos, también retratan a las sociedades. Ceuta ha hecho precisamente eso y quizá por eso cuesta tanto hablar de lo ocurrido sin acabar instalados en alguno de los bandos que ya estaban esperando la oportunidad. Lo ocurrido en Ceuta es una crisis fronteriza, humanitaria, diplomática y también política. Durante las primeras horas se confió demasiado en que los que entraron regresarían todos en pocas horas, y después apareció el temor de que trasladar a miles de personas a la península pudiera convertirse en el preludio de una segunda avalancha. Todo eso son errores que deben explicarse.

También debe explicarse el papel de Marruecos. Sánchez ha optado por la prudencia diplomática, pero aparecen informes policiales que apuntan en otra dirección. Ahora Interior tendrá que aclarar qué sabía la policía, qué información llegó al Gobierno y cuándo. La prudencia es necesaria cuando están en juego las relaciones con un país vecino, pero prudencia no es silencio.

Y luego está nuestra capacidad para convertir cualquier emergencia en una moción de censura permanente. La oposición habla de defender la nación y la frontera, reclamando a la vez que nadie entre en España y negándose a acoger a los menores que ya están aquí. Mientras unos hacen política con la frontera, otros hacen negocio con el miedo. Los generadores de odio conocen perfectamente el mecanismo, lo hemos visto negando a personas comida o alojamiento, asentamientos incendiados, el perfil máximo de la deshumanización. La ley debe proteger la frontera y también a quien está al otro lado de ella. Una cosa no contradice la otra y durante meses será necesaria una combinación incómoda de seguridad, inmigración, diplomacia, acogida y convivencia.

Europa, además, llega a este momento profundamente dividida. Los gobiernos europeos saben que la inmigración procedente del sur tiene un precio electoral. La nueva política internacional impulsada por Trump ha alterado todavía más el equilibrio. Mientras Rusia, China, Estados Unidos e Israel disputan espacios de poder, Europa debería estar construyendo una posición común, y vemos justo lo contrario, cada capital calcula su propio beneficio.

Quizá por eso convenga dejar de preguntarnos solo si esta crisis hará caer a Sánchez. Esa es la obsesión de la política española, pero no necesariamente la emergencia del país. La emergencia está en saber qué pasó, proteger a Ceuta, garantizar los derechos de quienes han llegado, controlar la frontera, y reconstruir una respuesta europea hoy inexistente.

Y habrá que decidir qué queremos ser cuando llegue la próxima crisis, que llegará.

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