Hay que ser profundamente inconsciente para enunciar determinadas frases cuando se es una persona que de forma pública representa a las juventudes de un partido político, sea el que sea. En un intento rocambolesco una muchacha joven, se supone hija de su generación, se supone orgullosa de haber visto cómo se iban derrotando muchos de los estigmas con los que una y otra vez se ha atacado a la mujer, afirmó hace un par de días que si el aborto tenía que ser legal para que las mujeres abortaran con seguridad e higiene, por qué no construíamos lugares seguros para que las mujeres fueran violadas. Al escuchar esas palabras lo primero que te atropella es la sorpresa, luego un profundo cabreo al ver que esa muchacha y tantas otras como ella no han entendido nada, absolutamente nada de lo que significa ser mujer y tiran por el suelo no solo todas nuestras luchas, sino que ironizan y plantean que la violación pueda ser segura, cuando la violación es lo contrario a la seguridad, porque es la agresión de lo más íntimo, la agresión a la fuerza y con violencia, la agresión con alevosía, maldad y que busca en el daño y el dolor para con la mujer el placer del hombre, lo que es simplemente asqueroso.

Por eso determinados enunciados son asquerosos, porque pretenden hacer de la mujer un ser sumiso, el que fue durante siglos y todavía hoy lo es en determinados lugares del mundo, un ser perseguido, el que fue durante siglos y todavía hoy lo es en determinados lugares del mundo, un ser que no tenga derecho ni decisión y así su cuerpo no será de ella, será del hombre que la posea con su consentimiento o sin él. A fin de cuentas qué importa lo que siente o piensa una mujer.

Ya no están tan lejos los tambores que retumban con eslóganes que claramente quieren que la mujer pierda muchos de sus derechos y libertades y que vaticinan tiempos complejos y no solo para la mujer a la que si pueden prohibirán abortar, a la que si pueden le dirán cómo y cuándo debe amar, a la que si pueden irán recluyendo porque su voz solo sirve si habla como la voz de él que quiere niñas perfectas, homogéneas, llenas de virtudes, cristianas, dulces y retraídamente bellas.

No queremos tener que volver a construir habitaciones donde hablar nosotras solas de todas las cosas a las que se nos condena por ser mujeres y como no queremos eso, no podemos permitir que nuestros cuerpos y nuestros deseos caigan en manos de personas que pervierten el lenguaje para ensuciar nuestros nombres, para borrar nuestra historia, mientras nosotras siempre estamos recorriendo caminos que se bifurcan y por los que avanzamos sin mirar hacia atrás, porque sabemos que a nuestras espaldas crecen mujeres sanas y libres que sueñan con nosotras y con el futuro sin tabús ni cárceles.