Con la imagen reciente de Rafa Nadal levantando su 21º Grand Slam en Australia, la unanimidad de felicitaciones por su gesta y el placer de verle resurgir en un partido prácticamente perdido, chocamos hoy con la contradicción de extrapolar su ejemplo fuera del ámbito deportivo. Me explico. Recientemente la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood ha hecho públicas las candidaturas a los Oscar. Entre ellas, cuatro españoles: Penélope Cruz, Javier Bardem, Alberto Iglesias y Alberto Mielgo. La primera ha sido nominada a mejor actriz por 'Madres paralelas' de Pedro Almodóvar, una película extranjera en español. El segundo, a mejor actor por 'Being de Ricardos', film de casa, en inglés. El tercero, por la música de la historia del director manchego. Y el cuarto, a mejor cortometraje de animación por 'El limpiaparabrisas'. Todos siguen sacando brillo a sus carreras, especialmente Cruz y Bardem. Ya saben lo que es triunfar en Los Ángeles. Tienen una estatuilla dorada cada uno.

Curiosa y sorprendentemente, hay quien le pone peros a lo que a todas luces es una buena noticia para la cultura española y la proyección de la llamada marca España. Hablan, en este caso particular, de mérito privado, exclusivamente personal, no extensible al orgullo nacional. Nada de triunfo colectivo. A la cultura, no entiendo porqué, se le obliga a transitar por arenas movedizas. A los actores y directores, sobre todo, se les castiga por tener ideología y pronunciarse sobre asuntos polémicos. A cuanta más proyección pública, mayor azote. Algo que no ocurre, en cambio, con toreros, cantantes o la 'roja'. Por lo menos, no con tanta virulencia. Será por eso de ser titiriteros de la izquierda. Quién sabe.

Resulta injusto que el esfuerzo de unos no sea equiparable al de otros

Resulta injusto que el esfuerzo de unos no sea equiparable al de otros. Evidentemente resulta difícil comparar los éxitos en disciplinas distintas. Pero no debería ser un argumento válido para juzgarlos según sea el que lo logra. La trayectoria personal de cada una es privada y también única. La profesional, pública. Poco más hay que decir al respecto.

Afortunadamente creo que son más los españoles que se alegran que los que critican, los que presumen que los que reniegan, los que alaban que los que minusvaloran. Debería dar igual que el mérito se realice en una pista, un terreno de juego, una cocina o un escenario. Los éxitos, éxitos son, independientemente de quién los protagoniza. Al menos, eso sería lo deseable. Lo otro es, simplemente, sectarismo. Y no estamos para añadir más leña al fuego. Dejemos alguna parcela libre de la quema, por favor. Que ya tenemos bastante tela que cortar.