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El Periódico de Aragón

Carmen Lumbierres

El triángulo

Carmen Lumbierres

La reacción individual: militantes sin partidos

Menos de un 10% en este país confía en los partidos políticos, alcanzamos el penúltimo lugar de la Unión Europea, según el último Eurobarómetro publicado. Ni siquiera necesitaríamos los análisis internacionales porque en nuestro propio CIS, los políticos, sus partidos y la política en general alcanza el segundo lugar en la preocupación de los españoles, por encima del paro. Más allá de las opiniones, los datos juegan en sintonía con una continua bajada en la participación electoral, con excepciones puntuales como la madrileña o la drástica reducción del número de militantes, a no ser que hablemos del último nuevo partido.

Porque hemos entrado en una dinámica de quemar después de leer, como dirían los hermanos Coen. De desmontaje de los partidos para convertirlos en plataformas de apoyo a los nuevos hiperlíderes y cuando estos caen, la organización entra en una profunda crisis, convirtiendo así el sistema en un entorno desordenado e inestable. Arrancamos ya desde una posición equivocada porque no solo los ciudadanos aborrecen a los partidos políticos sino que sus propios afiliados votan o se articulan en contra de su propia organización. Así ganó Pedro Sánchez enfrentándose a las entonces direcciones, nacional y regionales, del PSOE, alcanzó el poder Pablo Casado renegando del reciente Partido Popular de Mariano Rajoy, y rizando el rizo, Díaz Ayuso enfrentándose a su dirección nacional.

Se crece políticamente yendo a la contra de la propia organización que se han dado los afiliados, que parecen creer más en «su líder» que en las estructuras de partido que ellos mismos se han dado y de las que forman parte. Las primarias han roto la pluralidad interna de minorías poderosas y la capacidad de aglutinar intereses más allá del candidato. Ir a la contra es noticia, te encuentra un hueco en la actualidad porque lo disruptivo consigue no solamente más votantes sino también más lectores o espectadores. Cuando más necesitamos una colaboración institucional multinivel más se resaltan los conflictos entre loa dirigentes territoriales y nacionales de un mismo partido, en una dinámica de protagonismo inoperante para lo común pero difícil de parar.

Y así, el sistema funciona con un nivel de legitimidad muy bajo que produce volatilidad electoral, polarización en todos los niveles y una política de bloqueos continua. Estamos enquistados en un modelo que vino a defender más democracia interna pero que se ha agotado por sí mismo en tiempo récord. No se atisba ninguna alternativa, estamos en un tiempo de transición que bastante tiene con llegar a las próximas elecciones con vida.

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