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El Periódico de Aragón

Carmen Lumbierres

El triángulo

Carmen Lumbierres

Pedir perdón

El presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Omella, ha vuelto a pedir perdón por los casos de abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia católica. Lo lleva haciendo reiteradamente desde la publicación de la investigación periodística que acreditaba la denuncia de 1.237 víctimas desde los años treinta hasta la actualidad y denunciaba 602 casos de abusadores. Los 220 casos reconocidos hasta ese momento por la alta jerarquía eclesial quedaban en una evaluación raquítica dejando la sensación de atisbar la punta de un iceberg que había estado presente en nuestra vida y que el silencio social flotante revictimizaba a los sufridores de abusos.

En el discurso inaugural de la Asamblea Plenaria, Juan José Omella, ha vuelto a la práctica evangélica del perdón, pero con peros. Siempre hay algo que añadir al reconocimiento de una culpa que se asume, pero se enmarca o en un contexto social o en un pecado colectivo, o en una campaña de persecución. Hasta el momento nunca solo en un acto de contrición y reparación a las víctimas. Ahora, el marco de una «nueva esclavitud» es el argumento escogido para hacer hincapié más en el número que en el daño, solo el 0,2% de los abusos sexuales a menores son cometidos por religiosos, argumentan para deflacionar el delito. Aferrándose a un informe de ACNUR que recoge la explotación sexual, el trabajo infantil y la trata de personas como las formas de esclavitud del siglo XXI consiguen un 'totum revolutum' entre procesos de guerra, cotidianidad del horror en tiempos de paz, países garantes de los derechos humanos e incumplidores de la mínima tutela. Por si hay que buscar algún chivo expiatorio más, señalan a los medios de comunicación en general, a algunos agentes sociales y políticos que contribuyen a que no se conozca el verdadero rostro y misión de la Iglesia, victimizando su posición que como institución durante muchas décadas y frente a este tema ha sido claramente de abuso.

En Lucas 7:36-50 se nos exhorta a tomar conciencia de nuestras propias faltas como requisito inicial para el perdón

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En Lucas 7:36-50 se nos exhorta a tomar conciencia de nuestras propias faltas como requisito inicial para el perdón. Ser capaces de ver primero la viga en nuestro propio ojo para llegar a perdonar al prójimo. Quizá debería ser relectura obligada cuando les pesa más la supervivencia defensiva de la institución que el sufrimiento de las personas abusadas. Pasar de las tinieblas a la luz como piden en una carta firmada por comunidades y colectivos cristianos dirigida a la jerarquía eclesiástica para que esta historia de delito y miseria llegue a su fin, porque la herida de las víctimas es su herida y el silencio instaurado por tantos años el peor de los pecados.

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