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El Periódico de Aragón

Carolina González

El triángulo

Carolina González

Reinventar el pasado para sobrevivir al futuro

Renovarse o morir. Adaptarse o desaparecer. La primera frase se hizo popular a raíz de otra pronunciada por Miguel de Unamuno: «El progreso consiste en renovarse». La segunda deriva de la teoría de la evolución de Darwin: sobrevive quien mejor se adapta a las circunstancias, no los más fuertes ni los más inteligentes. Juntas evidencian lo que sucede con el paso del tiempo. Lo que no se reinventa, perece.

El Primero de Mayo ha vuelto a sacar a los sindicatos a la calle después de dos años de pandemia en los que han estado en un más que comprensible tercer plano por la pandemia y en un menos justificado segundo plano para algunos ante la crisis poscovid. Parados no han estado. Han negociado con éxito la reforma laboral, llevado el diálogo social a lo más alto y pactado la regularización del teletrabajo o la llamada 'ley rider'.

Los sindicatos siguen adoleciendo de falta de implantación, afiliación y movilización social. Tendrán que pensar por qué

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Aun así, los avances conseguidos en los últimos dos años no han mejorado cuantitativa ni cualitativamente su imagen. Los sindicatos siguen adoleciendo de falta de implantación, afiliación y movilización social. Tendrán que pensar por qué.

Sobra explicar la necesidad de su existencia. La representación colectiva de los trabajadores para negociar de tú a tú con el Gobierno y la patronal es imprescindible. Grandes logros de las últimas décadas habrían sido impensables sin el papel activo de las organizaciones sindicales. También las pequeñas victorias en empresas donde puede costar todavía más defender y garantizar los derechos de los trabajadores. Pero ser consciente de ello nos lleva inexorablemente a reconocer también la conveniencia de un giro y una readaptación a las nuevas condiciones del mercado y de sus exigencias laborales.

Han aparecido formas de trabajo inéditas que conviven con las de siempre. El teletrabajo o la inteligencia artificial, por ejemplo, se compatibiliza con la automatización o los falsos autónomos. El mercado laboral es más heterogéneo que nunca. La industria sigue reclamando obreros, aunque cada vez menos, y las empresas tecnológicas piden moldear a sus futuros empleados en colaboración con la universidad para crear plantillas ad hoc que satisfagan sus necesidades de producción cada vez más. Todo es entendible. Pero hay que mantenerse atento.

Por todo ello, los sindicatos deberían ganar peso, no perderlo. Los trabajadores deberíamos tenerlos en consideración cada vez más. Pero sucede lo contrario. Viejas y anquilosadas estructuras, con sus vicios y dependencias institucionales para sobrevivir no ayudan. Casos puntuales de caraduras y jetas, tampoco. Evaluar la situación, reflexionar y tomar medidas que les hagan más transparentes, independientes y eficientes, probablemente sí.

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