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El Periódico de Aragón

Ángela Labordeta

Sánchez necesita una abuela

Negamos la evidencia hasta cuando esta es aplastante y nos persigue con sus números categóricos y sus tantos por ciento que resultan insufribles. Mi abuela, que no era ni de números ni de letras, pero era lo suficientemente realista como para aceptar lo evidente y no intentar camuflarlo bajo sorda palabrería, siempre que una de mis primas o hermanas argumentaba eso de que el cuatro y medio era un aprobado, ella, mientras batía un huevo o formaba albóndigas, decía: «Si el cuatro y medio fuera un aprobado, no existiría el cinco, eso te lo aseguro. Tienes que aceptar que has suspendido y como has suspendido, debes hacer las cosas de otra manera para que ese cuatro y medio sea un cinco. O mejor un ocho, incluso un nueve». Luego seguía formando albóndigas y cuando llegaba el anochecer y era casi verano nos invitaba a jugar a las cinco piedras y jugábamos con mucha gravedad, como si cada piedra fuera nuestro destino y hubiera que protegerla porque si alguna de ellas tocaba el suelo algo malo, muy malo, podría suceder, casi tan malo como ese cuatro y medio que te dejaba en un suspenso que siéndolo acariciaba el aprobado, pero seguía siendo suspenso.

No sé si Pedro Sánchez tiene una abuela que, sin ser de números ni de letras, es lo suficientemente realista para decirle que en las elecciones andaluzas ha sacado un cuatro y medio y que por mucha palabrería que argumenten los suyos, por muchas razones de loco miope, el cuatro y medio es un suspenso y él ha suspendido por muchos motivos y la prepotencia es uno de ellos y aunque no sea un pecado capital se castiga porque ciega el entendimiento y todo lo convierte en viento a favor, haciéndonos olvidar que el viento es solo viento y trae lo que cada cual quiere escuchar, aunque solo sean mentiras para calmar nuestra angustia de niños suspendidos en el borde donde conviven todos los sonidos, incluidos aquellos que, por mucho que retumben, no queremos escuchar y entonces la abuela pregunta: «¿Para qué quieres un piano? Si no tienes oídos para escuchar».

Ojalá todos tuviéramos una abuela sabia que restregara nuestras mentiras en el presente para conseguir que no formen parte de nuestro futuro, para que de esa forma nuestros ojos se abrieran serenos y cautos y nos fuera más fácil asumir la derrota que casi siempre es consecuencia de nuestros actos, porque, aunque solo queramos la noche cuando se desdibuja en un amanecer plateado y azul, su estela de pesadilla construye nuestros mejores sueños y forja nuestros anhelos de latidos entre suspiros.

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