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El Periódico de Aragón

Carmen Lumbierres

La política de amigos

La emancipación es ahora cuando todo hijo de vecino puede concurrir a una beca en las tres etapas educativas no obligatorias para un centro privado en la Comunidad de Madrid, como si fueran seres autónomos e independientes de sus familias y los pusiéramos en la misma línea de salida con cero euros.

La renta media por hogar de la comunidad es de 37.687 euros y con la flexibilización del acceso a las becas, aquellos que casi tripliquen esta cantidad podrán acceder a esa prestación pública para estudiar en la educación privada. La transferencia de recursos, la carga impositiva sobre la mayoría para favorecer a la minoría y la preferencia por un modo de prestación de los servicios es tan evidente con esta medida que explica una manera de entender la política, la de gestionar para los tuyos. Aunque a Ayuso le votarán casi el 45% de los madrileños, tiene muy claro, como lo hacía Esperanza Aguirre, quiénes son los suyos y como agujerear un sistema redistributivo y de gestión pública, haciendo que lo deseable o lo finamente imprescindible sea un seguro médico o un centro educativo privado.

Aguirre defendía la enseñanza concertada como la materialización del derecho constitucional a la educación y se puso a ello sin demora, si en 1999 había en Madrid 8.225 unidades concertadas, en 2019 se alcanzaban las 15.900. En 1999 eran 219.896 alumnos y en 2019 sumaban 364.168. De igual manera, las partidas destinadas a esta modalidad educativa han crecido presupuesto tras presupuesto. Todo en pos de la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos y en la igualdad de oportunidades para acceder a los colegios marcados como favoritos por el gobierno autonómico.

Pero como este discurso ya estaba lo suficientemente interiorizado, se ha podido dar la siguiente vuelta de tuerca, la del Robin Hood inverso.

De la creación de colegios privados, a los que se regala suelo público y se les sostiene con fondos públicos a través de los conciertos, dando negocio y beneficios a grupos privados y religiosos. Además, detrás del negocio económico también hay estrategia ideológica, algún alto cargo del PP reconocía que por cada nuevo colegio en un barrio esperaban aumentar un 3% el voto al PP. Los defensores del no adoctrinamiento en las aulas, ha encontrado por este camino un hallazgo feliz para sus intenciones, con el cheque escolar no hace falta el pin parental. El cheque escolar es el control ideológico de la educación y la incorporación a las clases altas a su disfrute es además un regalo para los amigos, por si con las rebajas de impuestos anteriores no habían tenido suficiente.

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