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El Periódico de Aragón

Carolina González

El triángulo

Carolina González

Madurez en hora y media

Medir la madurez de una persona de 17 años en un examen, a priori, parece complicado. Es la propuesta del Ministerio de Educación para la nueva Evau, la prueba de acceso a la universidad. A falta de hablarla con las comunidades autónomas y los rectores y negociarla con los partidos para su aprobación, plantea cambios importantes respecto a la actual. El más destacado, un ejercicio sobre un tema concreto para que el alumno lo analice desde distintas perspectivas. La prueba sustituiría a los exámenes de lengua castellana, extranjera y cooficial y supondría el 75% de la nota final. La llaman «ejercicio de madurez».

La reforma de la Evau es el eslabón final de la cadena de la Lomloe, la ley educativa aprobada por el Gobierno de Pedro Sánchez. Quiere darle un enfoque más competencial al sistema y que los exámenes pierdan protagonismo en beneficio de la autonomía del estudiante, que podrá elegir por él mismo más asignaturas. Las pruebas escritas se reducirían a la mitad, aproximándose así al modelo internacional del Informe Pisa. Me pregunto si nos parecemos en algo más, que igual ahí es por donde hay que empezar.

Demostrar los conocimientos de una lengua reflexionando sobre un tema cualquiera escrito en ese idioma pinta bien. Se trata de leer el texto, comprenderlo y responder después en el mismo formato. En la práctica es donde mejor se aplica la teoría adquirida. Lejos tiene que quedar el modelo de aprendizaje basado exclusivamente en la memoria. La «carrerilla» hace tiempo que tendría que haberse desechado de la educación reglada porque no conduce a ninguna capacitación sino a una aparente y falsa sabiduría. Cuántas cosas hemos recitado de memoria a lo largo de nuestra vida –los que ya tenemos una edad– de las que entendíamos entre poco y nada. Pero quedaba muy bien saber cuándo empezó y terminó la Segunda Guerra Mundial aunque desconociéramos el motivo que la desencadenó.

Aun siendo crítica con la reforma, la contrarreforma y la contrarreforma de la reforma, quizá sea conveniente darle una oportunidad. Igual no es tan mala como parece y sus resultados son mejores de los previsibles. La ausencia de exámenes no es mala per se, la clave es por qué se los sustituye. El rector de la Universidad de Zaragoza, que es la institución que recibe a esos estudiantes, cree un acierto introducir los cambios de forma gradual para ir adaptando la prueba a las posibles contingencias que surjan y que trate de homogeneizar los criterios de corrección para acabar con el mantra de que según dónde se examine uno es más fácil aprobar. En cualquier caso, hay camino para introducir cambios. Tengo curiosidad por ver qué pasa.

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