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El Periódico de Aragón

Carolina González

Ahorrar en ruido

Hace calor y hay que ahorrar energía. Parece que en esto estamos todos de acuerdo. Otra cosa es que no nos pongamos de acuerdo en el cómo. Y otra muy distinta es que, aun poniéndonos, tengamos ganas de enredar y hacer ruido.

Bruselas pide a los países miembros ahorrar gas por si Rusia cumple su amenaza de interrumpir el suministro. La UE quiere llegar a otoño con el 90% de las reservas llenas y no sufrir en exceso en invierno. España se compromete a recortar un 7% y eso conlleva tomar medidas. Algunas ya las defendió el PP de José María Aznar como, por ejemplo, limitar el termostato en tiempos de Javier Arenas como ministro de Trabajo. También su presidente actual Alberto Núñez Feijóo, que manda a sus presidentes autonómicos protestar sin llegar a amenazar con llevar el decreto a la justicia. A todos, aunque Isabel Díaz Ayuso vaya por libre también con su nuevo líder.

Mientras, el Gobierno elabora un decreto que, dice, no puede consensuar con las comunidades autónomas, que son quienes deben aplicarlas, porque los plazos se les han echado encima. Pues vamos bien si la justificación para no negociar es la falta de tiempo. Eso es justo lo que debe quedarse fuera de la sala de diálogo para dejar entrar a la voluntad y el buen gobierno.

Y de esta forma, un asunto que a priori podría invitar al consenso vuelve a enredarse. El PP señala que apagar las luces a las 22 horas provocará un aumento de la inseguridad en la calle y pérdidas para los comercios. Dicho así, lo parece. Lástima que lo que establezca el decreto sea que solo tengan que desconectar la iluminación los escaparates de comercios y establecimientos administrativos vacíos, es decir, que no estén ocupados. No menciona al alumbrado público, que depende del ayuntamiento, por lo que si en algún momento detectan que hay menos farolas encendidas en sus calles, reclamen a su consistorio. Al mismo que pueden dirigir sus quejas por falta de fuentes, de limpieza o de vehículos eléctricos que se encarguen de la recogida de basura por la noche, ahora que dormimos con las ventanas abiertas para ahorrar en la factura de la luz.

Algunos también echan mano de la demagogia para referirse al cierre de puertas de comercios. Cuántas veces hemos pasado por alguna tienda que parece escupir cubitos desde el interior. La nueva normativa no requiere cierres de última generación ni puertas automáticas y amortiguadoras. Con una pieza a modo de brazo que no requiera acompañarla para cerrar y evitar el despilfarro energético es suficiente. Pero resulta más rentable políticamente asustar a la ciudadanía diciendo que se quiere ahogar al pequeño comercio que ceñirse a la realidad. Y así, una detrás de otra.

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