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El Periódico de Aragón

Carmen Lumbierres

Melania free

La esposa del expresidente Trump en una reciente entrevista a la Fox dijo que no estaba al tanto de la insurrección con la toma del Capitolio, alentada horas antes por su marido, porque estaba ocupada fotografiando una alfombra.

Esa misma mujer es ahora una de las sospechosas de pasar información al FBI, quien ejecutó el registro con autorización judicial en la residencia de verano del matrimonio en Mar-a-Lago. De esa mujer sobre la que se hicieron memes por sus desplantes a Trump, pancartas pidiendo su libertad frente a la Casa Blanca, que fue capaz de acudir a un centro de detención de inmigrantes en Texas con una chaqueta en la que se leía «realmente no me importa, ¿a ti?» se levantan conjeturas sobre su colaboración con el Departamento de Justicia. ¿Y quién es el promotor de esta información? Su marido y pretendiente a renovar la victoria electoral sin que ni siquiera se pronuncie su propio partido en el proceso de primarias.

No sé si es una serpiente de verano, pero la historia es tan atrayente, nos daría la razón a los que nos empeñábamos en encontrar justificación en cada gesto de la primera dama como una mujer disconforme con la actuación del presidente. Y ya saben que no hay nada más deseado que tener la razón, aunque sea sobre suposiciones. Además, alimenta el mito de la mujer despechada pero calculadora que propicia o ayuda en la caída de su marido. Recuerda al caso de Martha Mitchell en el Watergate, mujer del fiscal general del Estado en 1968, que estaba al corriente del escándalo desde el principio y lo comunicó a amigos periodistas hasta que su marido y parte del partido republicano trabaron un plan para evitar que filtrara cualquier información, evitando su conexión con el exterior, sedándola por supuestos ataques de nervios. Bob Woodward escribió en el libro Todos los hombres del presidente que Mitchell fue el coro griego del drama del Watergate, el que avisa a todo aquel que quería escucharlo.

Nixon, cuyo lema compartido con sus colaboradores había sido elige a la esposa correcta, vio caer el escándalo sobre él, en parte, por el valor de una esposa incorrecta. Nadie se salvó de esa quema a excepción de Stephen King, no el escritor de terror sino un conocido republicano con el que comparte nombre, responsable de secuestrar y atar a Martha Mitchell, y al que Trump nombró en 2017 embajador en la República Checa. Los abusadores se reconocen 50 años después. Quizás he visto muchos capítulos de The Americans, pero en Melania tengo depositada la confianza de que a veces las historias acaban bien o de que el fin justifica los medios. Es lo que tiene la cultura popular, que vives entre Disney y Maquiavelo.

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