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Carolina González

El triángulo

Carolina González

Sí, es un error

En ocasiones, la reacción más natural a un ataque es revolverse. Como gato panza arriba, suele decirse. Arremeter contra todo y contra todos, indiscriminadamente, disparar a todo lo que se mueve. Dicho y hecho.

La ministra de Igualdad respondía de esta forma a la ola de rebajas penales y alguna que otra excarcelación de agresores sexuales que resultaban beneficiarios de la conocida como ley del solo sí es sí. Una de las normas estrella de Unidas Podemos empezaba a virar nada más ser aprobada hasta convertirse en la peor pesadilla. Lo que alumbraban como una contestación legislativa a una violación grupal se torcía de una manera inesperada. Un error fundamentalmente jurídico como es la ausencia de una disposición transitoria para evitar el aprovechamiento legal de los condenados ha colocado en una posición delicada y vergonzante a todo el Gobierno. Porque en algo tiene razón Irene Montero y es que, aun siendo una iniciativa de su ministerio, esta ley ha pasado varios filtros incluyendo el de Justicia, regido por los socialistas. Y porque si para lo bueno el éxito cuenta como haber, el fracaso se registra en el debe del Consejo de Ministros.

El hecho de que una ley persiga un objetivo y acaba permitiendo justo lo contrario es un error. Un fracaso. Un desacierto. Una cagada. Sin rodeos. Da igual si la causa es por acción, por omisión o por carambola. Lo que toca hacer es reconocerlo y pisar el acelerador para solucionarlo. Resulta indiferente cómo, si enmendando la ley, haciendo otra o pidiendo a la Fiscalía General del Estado y al Tribunal Supremo que fijen criterio. Lo que tengo claro que no se debe hacer es atacar, faltar el respeto y retar a quien debe aplicarla. No creo que sea la mejor estrategia llamar machistas y fachas de forma generalizada a toda la judicatura española, especialmente cuando el problema no procede del ámbito de estos profesionales sino de quien grita, insulta y afirma una y otra vez que su ley no se toca porque es magnífica.

Equivocarse es humano y rectificar, de sabios. No estamos siempre acertados aun haciendo las cosas con la mejor intención. Pero si ante un fallo inesperado la reacción es la soberbia, que nadie espere empatía y comprensión. Caer en la autocomplacencia e insistir en la justificación de lo absurdo es ridículo. Habrá jueces de derechas como los hay de izquierdas, hombres, mujeres, heterosexuales, homosexuales, morenos, viudos... Si Montero critica los estereotipos para combatir el machismo no debería caer en su propia trampa a la hora de utilizarlos para encasillar a determinados profesionales. Y sobre todo por respeto a las víctimas, que van a ver en muchos casos cómo sus violadores salen antes de prisión.

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