EL TRIÁNGULO

Gente de bien

Carolina González

Carolina González

Feijóo pide a Sánchez que deje de molestar a la gente de bien (sic). Lo reclama el presidente del PP durante la última sesión de control al Gobierno en el Senado, la única institución donde puede mirarle a los ojos y hablarle de tú a tú dada su repentina y sobresaltada elección al frente de la formación conservadora. Se lo recriminaba por la ley trans que el líder de la oposición tacha de error. Al igual que la ley del solo sí es sí, la del aborto y otras tantas aprobadas por el Gobierno PSOE-Unidas Podemos. Reconozco que hacía tiempo, mucho, que no escuchaba a nadie recurrir a esa construcción anticuada. Más allá del contexto en el que lo utilizó, el meollo del asunto está en por qué un candidato a presidir España sigue clasificando al pueblo que quiere gobernar en buenos y malos. El subconsciente, a veces, deja en evidencia los verdaderos principios.

¿Quién decide quién es persona de bien? ¿Cómo se mide? ¿Con qué argumentos? ¿Teniendo en cuenta qué cualidades? ¿De un género en concreto? ¿Hombre blanco y heterosexual, por ejemplo? ¿Aquel que defiende un modelo familiar tradicional: hombre y mujer, casados por la Iglesia, con dos hijos como mínimo? ¿De un nivel económico particular? ¿Un empresario de éxito o un CEO? ¿Una persona que jamás ha tenido un altibajo mental, que siempre ha tenido lo que ha deseado y cuyo comportamiento ha sido intachable durante toda su vida, aunque solo haya sido de cara a la galería?

Creerse con la superioridad moral de diferenciar a los buenos de los malos, alardear de saber qué quieren los españoles e ignorar a una parte de esa sociedad tan compleja y heterogénea que quieres gobernar sin la más mínima generosidad y empatía dice mucho de un líder político. No creo que fuera un desliz o una frase desafortunada, sino más bien la emergencia de una estructura de pensamiento verbalizada de manera espontánea. Si Feijóo creyera que siguen siendo necesarias muchas leyes para integrar y aliviar a personas que se sienten discriminadas por razón de sexo, color o ideología, no habría pronunciado esas palabras. Si supiera que la gente de bien no tiene orientación sexual, ni una formación académica concreta ni pertenece a una clase social determinada se habría callado. Si entendiera como gente de bien aquella que no segrega, margina, señala, resta derechos, roba ni traiciona, su discurso habría sido otro. En realidad, su gente de bien es la que bien sabe el bien que necesitamos aquellos que carecemos de ese bien. Pero lo que más me preocupa es que, aún siendo tan claro, muchos estén de acuerdo con la afirmación de Feijóo.

Suscríbete para seguir leyendo