El triángulo

La sequía entra en campaña

Carmen Lumbierres

Carmen Lumbierres

Pasaron el otoño y el invierno que se vaticinaban calientes socialmente por la crisis inflacionista y el estancamiento de los salarios. Y como últimamente sucede, diagnosticamos mal, y los trabajadores de la empresa privada no han protagonizado las reivindicaciones en la calle. No somos la Francia incendiada, ni la fortaleza sindical en las factorías productivas es aquí la misma. Han sido los empleados públicos quienes más han tensado la cuerda en sus negociaciones laborales, consiguiendo gran parte de las demandas sin que la huelga paralizará por mucho tiempo los servicios públicos. Dos meses han estado los letrados de Justicia, en lo que iba a ser un paro indefinido que concluyó con 450 euros de subida retributiva al mes. Ese ha sido el pulso más largo frente a la Administración, y debería hacernos conscientes que la fuerza corporativa, y en otros, el poder sindical en el empleo público sacan clara ventaja al resto de los trabajadores.

Nos contaron que el sindicalismo no servía, mientras políticamente relegaron a la negociación colectiva al cajón de lo antiguo, y la moderna deslocalización hizo el resto. Pensionistas más organizados que los jóvenes, trabajadores públicos con más garantías laborales ganadas tras los procesos selectivos, que se saben en mejores condiciones para la negociación que el resto, y un rastro de descontento diseminado por el país al que la sequía ha despertado de nuevo. Mientras todos los focos se concentran en Doñana y el uso electoralista de la gestión del agua, se acercan unas elecciones locales y autonómicas en medio de todas las alarmas en el sector primario que arrastra la protesta de 2022 por el alza de los costes de producción, más la sequía que dura ya cinco años. Se dan por perdidas las cosechas de cereales de secano en el sur español y parte de Aragón, Cataluña y Castilla y León. Y la ganadería extensiva es la otra gran perjudicada por la falta de agua, no aseguran poder mantener los puestos de trabajo, ni tener más capacidad de endeudamiento en un sector que requiere de grandes inversiones. Hay una llamada de auxilio desde el campo, con una organización fragmentada pero que después del golpe de fuerza del año pasado puede reactivar de nuevo el engranaje del descontento organizado. Y como bien sabemos hay que encontrar un responsable corpóreo que no puede ser el clima, y mientras nos acercamos a los treinta grados meteorológicos empezarán los candidatos sus campañas arrojándose unos a otros la culpa de esta situación. El que parezca más receptivo a la complejidad del problema se llevará el voto el 28M, la sequía entra en campaña con capacidad de modificarla.

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