Opinión | EL TRIÁNGULO

Mariano Rajoy y sus crónicas

Mariano Rajoy lo ha vuelto a hacer. Recién inaugurada la Eurocopa de fútbol en Alemania, retoma su papel de crítico deportivo para escribir en un periódico las crónicas de los partidos de la selección española. La victoria ante Croacia le dejó con buen sabor de boca. No le cogió por sorpresa, como tampoco a nosotros sus impresiones del encuentro. También en esta parcela es un hombre templado. Lo del colmillo afilado se lo deja a otros expresidentes.

El análisis del expresidente ha dado que hablar como era de esperar y como ya sucedió con sus columnas del Mundial de Catar. Sus retahílas de obviedades han desatado las mofas de la gran mayoría que ven sus escritos más cercanos al humor que al periodismo. Tampoco hay que exigirle una calidad como la de los informadores profesionales, su papel es otro y quienes le contratan lo saben. Es anecdótico y lo que importa seguramente no es tanto que calen sus crónicas como que reciban muchísimos clics en internet.

No ocurre con Rajoy, pero sí empieza a ser preocupante la falta de profundidad de los análisis políticos por parte de quienes hoy gobiernan las instituciones. Discursos faltos de intelectualidad, de contexto, bien articulados y brillantes como antes escuchábamos de líderes de todo tipo de formaciones, a izquierda y derecha. No me refiero a los patinazos propios del cansancio o la distracción, sino a un fenómeno más estructural. Ahora la tendencia es otra, se llevan las extravagancias, los argumentos facilones y endebles que no aportan absolutamente ni al debate público ni al aumento del conocimiento colectivo. El nivel ha bajado tan estrepitosamente que ha generado esta clase política desprestigiada que falta a la verdad y al respeto intencionadamente con asiduidad. Los referentes políticos para los más jóvenes acaban siendo a menudo personajes sin sustancia que cultivan en redes sociales sus perfiles más incendiarios para llamar la atención.

Evidentemente no todos son así. Esta frase está tan manida como veraz resulta. Sin embargo, es llamativa la simpatía que despierta esta clase de políticos campechanos que aun reconociendo no tener ningún tipo de verborrea conecta con un nada desdeñable número de personas que sienten esa falsa cercanía e, incluso, se identifican con ellos en el terreno personal. Hemos pasado de la admiración por conocimientos a la idolatría por diferenciación. Quien acaba cosechando más éxitos es quien se revuelve y desafía al poder establecido moviéndose por los márgenes como si fuera un outsider. Nada más lejos de la realidad. Tenemos los políticos que merecemos o los que nos reflejan como en un espejo, ya saben que todo es según se mire.

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