Opinión | EL TRIÁNGULO

Jugando al despiste

Los políticos en España tienen varias cuestiones importantes que resolver y una de las más urgentes es que dejen a sus perros de presa fuera del debate público

Es de pura lógica que si se tiene que declarar en un juzgado por determinadas querellas interpuestas contra uno, ese uno tiene que conocerlas para poder articular sus respuestas de la mejor manera posible, así que lo que pasó ayer en los juzgados de Plaza Castilla de Madrid en el caso contra Begoña Gómez resulta sorprendente y ciertamente es como si alguien estuviera jugando al despiste para que la mujer de Sánchez sea un día tras otro la protagonista de horas de televisión, programas radiofónicos y páginas de medios escritos en un relato que tiene más tintes políticos que judiciales. Pero sea como fuere la cosa está en que la derecha y la ultraderecha han encontrado en Begoña Gómez lo que ellos consideran un gorrión mal herido y no van a dejar escapar fácilmente a su presa, ya que entienden que es la forma más directa de hacer caer a Pedro Sánchez y de esa forma acabar con un gobierno al que le han llovido todo tipo de críticas cuando sus hallazgos residen en una economía fuerte como hoy es la española, en unos datos del paro no vistos en décadas, en una reforma laboral satisfactoria y en una fórmula de justicia social que permite la armonía. Pero en la política, ya se sabe, todo lo que hace el contrario está mal hecho, por eso es loable cuando aparecen voces que además de defender sus siglas defienden el sentido común y cierta neutralidad y por eso es detestable cuando ciertas voces lanzan ruidos de caverna que solo tienen tintes violentos y muy poco razonamiento, por no decir ninguno.

En este momento los políticos en España, independientemente de lo que le suceda a la mujer de Sánchez, a la que por cierto una parte de la sociedad ya ha juzgado y considera culpable, tienen varias cuestiones importantes que resolver y una de las más urgentes es que dejen a sus perros de presa fuera del debate público, porque enturbiar intentando clavar las fauces en el cuello de los inocentes no es un buen procedimiento y solo genera rencor y odio y hace que aparezcan culpables en el silencio de los mares, en la neutralidad de la justicia y en los lugares donde el insulto agranda la masculinidad, algo que para algunos es la llave maestra de todas las recetas para el éxito, porque solo entienden la vida a guantazos en discursos populistas, xenófobos, machistas y de un inigualable rencor. No hay mejor refugio para el alma que un brote de silencio ante tanto despropósito, casi como si naciera una rosa en mitad del desierto.

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