Opinión | EL TRIÁNGULO

Poner puertas al mar

Si alguien piensa que el miedo a morir ahogado va a frenar a quien huye del hambre y la barbarie es que no ha entendido nada

La tutela de los menores migrantes en el mundo es algo que nos debería inquietar y preocupar a todos y no solo por una razón humanitaria, que es la de salvar vidas, sino y también por otra cuestión, que es la de ofrecer futuro y posibilidades a aquellos que no han tenido tanta suerte como nosotros y que han nacido en países en guerra, en países donde la miseria lo arrasa todo y donde la opción de un trabajo digno y dignamente pagado es un espejismo, porque simplemente esa posibilidad no existe. Y si digo que nos debería inquietar y preocupar a todos, y lógicamente no me refiero solo a España, sino a todos los países a los que quieren llegar los inmigrantes en busca de una nueva vida, es porque este es uno de los grandes desafíos a las que nos enfrentamos en este siglo XXI, en el que si alguien piensa que se pueden poner puertas al mar está profundamente equivocado y si piensa que el miedo a morir ahogado frena a los que pasan hambre y sufren todo tipo de barbarie sobre su cuerpo es que simplemente no ha entendido nada y sigue anclado en un discurso patriótico decimonónico. Es cierto que el debate sobre cómo hacer frente a la llegada de inmigrantes a los diferentes países ha tenido discursos opuestos y mientras vimos cómo Trump hacía de su odio a los inmigrantes que llegan a su país uno de los elementos que le llevó directo a la Casa Blanca, también hemos visto recientemente como Francia ha frenado en seco a la ultraderecha con mensajes lanzados en la línea opuesta, al entender que a los inmigrantes no se les puede castigar por serlo, sino que más bien se les tiene que ofrecer posibilidades justamente por sus orígenes.

Pero al tratarse de un asunto tan delicado no se pueden ir diciendo determinadas cosas, ni tampoco se deberían lanzar órdagos con el único fin de hacer más daño al desvalido e intentar poner contra las cuerdas a los que no somos nosotros, sin entender que quizá en un futuro seamos nosotros, que ya lo fuimos en otro tiempo, los que tengamos que cruzar fronteras buscando un techo, un trabajo y un futuro lejos del país que nos vio nacer. Hay un estudio del Banco de España que calcula que en 25 años nuestro país necesitará para mantener su tasa de dependencia casi 25 millones de inmigrantes y eso es algo que parece indiscutible y si se hacen bien las cosas será su éxito el que celebraremos y si se hacen mal será el fracaso de todos.

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